Cinco icónicos relojes chilangos

Cuando empezaron a construirse grandes ciudades en el mundo, se hizo indispensable el uso del reloj, debido a que ya no bastaba con el llamado a misa o la puesta de sol para saber qué hora era, sino que ahora era necesario instalar relojes públicos en puntos céntricos con el fin de que todos estuvieran en la misma sincronía.
Hoy, que todos tienen la hora más exacta del mundo en su bolsillo gracias a su teléfono celular, suenan muy lejanas aquellas escenas en las que la gente ajustaba sus relojes de muñeca al pasar frente al reloj de una iglesia o de algún punto céntrico de cualquier ciudad.
La Ciudad de México tiene todavía varios de esos relojes que, más que dar la hora, hoy forman parte del paisaje e, incluso, pocos se detienen a ver si en realidad están funcionando o muestran la hora correcta. Veamos algunos de ellos.

El reloj de Catedral

El único reloj que hay en la plaza pública más importante del país, el Zócalo de la Ciudad de México, está al centro de la fachada de la Catedral Metropolitana.
Aunque la primera etapa de este templo se construyó entre 1571 y 1657, no tuvo un reloj sino hasta 1698, pero no es el que puede verse actualmente, ya que el original fue reemplazado en 1807.
Este último reloj, que es el que tiene ahora, fue restaurado en 2006 y suele funcionar perfectamente. Todavía hasta por ahí de inicios de los 90, había gente y hasta algunos medios que tenían como referencia este reloj  para dar la hora exacta de la Ciudad de México.
Por cierto, si te fijas bien, arriba del reloj de la Catedral Metropolitana hay tres esculturas, las cuales representan a la Fe, la Esperanza y la Caridad, y forman parte de la decoración de esa pieza que creó Manuel Tolsá, el mismo que creó “el Caballito” y otros lugares icónicos de la capital.

El Reloj Chino

Cuando no hay manifestaciones frente a la Secretaría de Gobernación que obliguen a los granaderos a cerrar la calle, en Bucareli, justo en su cruce con Atenas, puede verse el Reloj Chino.
Traído en barco desde China en 1910, fue un regalo del último emperador de ese país, Puyi, de la dinastía Qing, para conmemorar el Centenario de la Independencia mexicana y como un símbolo de hermandad entre ambos pueblos.
Porfirio Díaz ordenó instalarlo en Bucareli, una calle que acababa de remodelar y que era una de las favoritas de la clase alta de la época para pasearse y hasta para andar a caballo (iban ahí a presumir sus garritas, pues).
Unos años después, durante la Decena Trágica (el episodio de la historia mexicana que, entre otras cosas, terminó con el asesinato de Francisco I. Madero), recibió varios cañonazos que lo destruyeron; sin embargo, la comunidad china radicada en la Ciudad de México (la cual empezaba a crecer) recaudó fondos para reconstruirlo y se reinauguró en 1921, en el marco del Centenario de la Consumación de la Independencia.
En 2010, en el marco del Bicentenario de la Independencia, se remodeló dándole su apariencia actual que vale la pena ir a admirar. Por cierto, en su torre, este reloj tiene la leyenda “Tong Sheng Xiang Ying”, que significa “las voces que siente lo mismo hacen ecos”.

El Reloj Otomano

Otro regalo del Centenario de la Independencia mexicana fue el Reloj Otomano, el cual se localiza en la esquina de Venustiano Carranza y Bolívar.
Este reloj, que pasa prácticamente desapercibido por las miles de personas que circulan por ahí todos lo días, es un regalo de los inmigrantes del Imperio Otomano que llegaron a México durante el Porfiriato, en su mayoría libaneses y turcos, quienes todavía tienen una presencia importante en el Centro Histórico.
En dos de sus carátulas, tiene números arábigos, mientras en las otras dos tiene numeración hindú, todo en una bella base estilo morisco.
También fue remodelado en 2010 y su belleza contrasta con la zona en la que se encuentra, la cual se “modernizó” después de los terremotos de 1985.

El carrillón de la Basílica de Guadalupe

Pero no todos los relojes icónicos de la Ciudad de México son tan viejos. Uno de los más nuevos es el Carillón de la Basílica de Guadalupe.
Un carillón es un instrumento musical cuyo sonido se emite con campanas, ya sea interpretadas por alguien o de manera automática, como es el caso de este, que se encuentra en uno de los extremos del atrio del segundo templo católico más visitado del mundo.
Diseñado por Pedro Ramírez Vázquez, el mismo arquitecto que creó la nueva Basílica de Guadalupe (y otros icónicos lugares chilangos, como el Estadio Azteca o el Museo de Antropología), mide 23 metros de alto y fue inaugurado y bendecido en 1990 por el Papa Juan Pablo II, durante una de sus visitas al país.
Sirve más como adorno que para dar la hora, pero es toda una pieza arquitectónica que integra cuatro relojes: astronómico, solar, calendario azteca y tiempo actual.
Asimismo, sus 48 campanas (varias de ellas localizadas en una rueda) pueden entonar unas 100 canciones que van desde el “Ave María” hasta Cri Cri. Es algo así como el nuevo campanario de la Basílica.

Torre Latinoamericana

Durante casi tres décadas, la Torre Latinoamericana, con sus 45 pisos, fue el edificio más alto de la Ciudad de México.
Casi 12 años después de su apertura, en el marco de los Juegos Olímpicos de 1968, se inauguró en su parte más alta un reloj electrónico que era lo más moderno de la época y que funcionaba mediante una serie de grandes focos.
Ese reloj, que fue encendido simbólicamente por el entonces presidente, Gustavo Díaz Ordaz, se ajustaba vía satélite y era el más exacto de todo el país, por lo que las personas, incluso a varios kilómetros de ahí, podían ajustar con él su reloj de pulsera o hasta el de sus casas.
Años después, fue sustituido por otro similar, pero a mediados de los 80, en plena crisis económica, decidieron apagarlo debido a lo costoso de su operación, provocado por el excesivo gasto de electricidad que necesitaba para funcionar.
Pero hace unos días, se colocaron en ese mismo lugar cuatro pantallas led que intentan revivir el tradicional reloj, con la ventaja de que ahora podrían aprovecharlas para proyectar otras cosas. Con esto, la Latino podría volver a tener el reloj más icónico de la Ciudad, como lo fue hace unos años.
¿Qué otro gran reloj de la Ciudad de México te gusta?

También lee:

El EDC es ya el mayor festival que se ha hecho en México

Bill Paxton murió a los 61 años

Este nuevo mural adorna el edificio Juana de Arco, en el Centro