‘Chakas’: ámalos, ódialos o compréndelos

Checa de qué va esta tribu urbana

Foto: Cuartoscuro

Emergen como hongos en el oriente y norte de la ciudad, caldo de cultivo para el variopinto de expresiones urbanas. En la otrora cuna del punk, ya en las orillas con Ecatepec y Ciudad Nezahualcóyotl,  el reguetón, el tribal y el cumbiatón le han ganado el terreno a cualquier otro género musical.

Entre los simpatizantes de estos géneros se encuentran hordas de jóvenes de entre 13 y 23 años,  quienes muchos sábados invaden las líneas orientales del metro en camino a la fiesta. Les llaman “chakas”, una combinación muy peculiar de música, atuendo y actitud.

Glamour popular

Los “chakas” varones se caracterizan por vestir con ropa de marcas apócrifas o camisetas sin manga; cejas cuidadosamente depiladas, cabello rapado en los lados y atrás y se dejan el copete, cuando no es que la cubren con una gorra apretada a punto de salir del cráneo.  A veces andan con lentes obscuros o de pasta.

Las chicas optan por vestir ropa entallada, en sus jóvenes rostros suelen abusar del maquillaje, usan el cabello planchado, trencitas, tupé o diademas con brillitos, y al igual que los varones usan tenis de bota. En las redes sociales acostumbran  postear sus sexys autorretratos que acompañan de nicknames como “prinzeeza”, “mooxa”, “booniTz” o “Love Neniita”.

A riesgo de exagerar, el “chaka” es una especie de reggaetonero versión 2.0 , de ahí su gusto por el glamour de la vida brillante –en alusión a las cadenas de oro o pendientes de diamante que usan sus ídolos—  y el poder sexual acompañado del flow musical más odiado o más amado de los últimos años.

Para quienes se autoconsideran pioneros, “los verdaderos chakas” empezaron con el tribal más under y luego se pasaron al reguetón comercial, adelanta Realpauta, asiduo de la Durga Discoteque, ubicada en mero San Cristóbal Ecatepec: “la gente te identifica como “chaka” por la vestimenta, las monas, las peleas”, pero asegura que no es lo único.

Hay quienes detestan a los “chakas” atribuyéndoles la vulgarización de las marcas alguna vez exclusivas para ciertos círculos; para otros no es más que la expresión de las clases bajas, seducidas por la vida de lujos que ofrece la ideología gansteril. Lo cierto es que lo “chaka” hasta hace poco era sinónimo de peligro.

La mona, la mejor amiga

A pesar de invertir bastante tiempo en su imagen, a muchos “chakas” se les ve con la estopa o trozo de tela remojado en solvente activo (thinner, pvc, etc). Escondida en la palma de la mano, la mona es llevada a la nariz para inhalarse discretamente de cuando en cuando.

Hasta hace no mucho la mona había sido exclusiva de niños y jóvenes en situación de calle, la droga de los más pobres. El activo se conseguía en la tlapalería: 20 pesos eran suficiente para comprar medio litro de este precursor industrial; ahora incluso existen vendedores que ofrecen monas de sabores: platáno, frutas, cereza, uva.

El monear, lejos de ser avergonzante, ya es un gesto de identidad de muchos “chakas”, pues en nuestro recorrido observamos a quienes sólo hacían el ademán sin tener ninguna mona entre sus manos.

Intenso perreo

A los “chakas” les encanta perrear, otro neologismo para definir un baile que asemeja  la posición sexual doggy style.  Se trata de restregar las posaderas a la altura de la pelvis de la pareja, mover las caderas con el flow en cuestión hasta casi quedar empinado con la cabeza hacia el suelo.

No está claro de dónde viene la costumbre de simular dar de palmadas en las posaderas de las jóvenes quienes generalmente son las que quedan empinadas. “Dar látigo”,  “Sentir el boom”, “Estar en celo como gata” son líricas tan aceptadas en el género que sus defensores olvidan cualquier juicio moral e incluso acusan de envidia a quienes critican el movimiento: “nunca han sabido lo que es sentir a una mujer que te perreé”, asegura Realpauta

Las chicas no reparan en bailar y, contrario a lo que esperábamos, las frases claramente machistas no las relacionan con algún tipo de violencia hacia su género, pues dicen, es una forma de expresarse libremente, “sentir la música” aclama una de la reynaz (sic) del perreo. Es posible que para ellas se trate de descubrir el poder sexual de su cuerpo, en la mayoría de los casos, todavía en desarrollo.

¿’Chakas’ o neoporros?

En julio del 2012, más de 200 jóvenes fueron detenidos en las inmediaciones de un centro comercial de Paseo de la Reforma acusados de hacer desmanes al interior. Luego de darse cuenta de haber sido falsamente convocados a un concierto de su música favorita, los reguetoneros frustrados arremetieron contra automovilistas y paseantes de las colonias aledañas. Una vez más, el “chaka” fue sinónimo de chacal.

De entonces a la fecha, la tribu ha ganado atención y condena social. Se les atribuyen desmanes en las estaciones del metro donde convergen los combos –equivalentes a crews o pandillas— para dirigirse a las tardeadas. En la estación Garibaldi de la Línea B, que corre de Buenavista hacia Ciudad Azteca, se juntan los Sikarios cuyos jerseys y cánticos recuerdan más a las multitudes porriles.

Como siempre, no todos son parias, o viven del atraco o derrochan sus neuronas en el activo. Realpauta, además de ser ayudante en un puesto de Tepito, a sus 19 años acepta que “esto de ser “chaka” puede ser bastante pasajero. Al ver truncados sus estudios, piensa más seriamente enlistarse en el ejército, si es que el comercio informal no le ofrece mejor opción.

¿Qué opinas de esta tribu?