Una voz silenciosa

En la primaria, Shouya es el típico “payasito” del salón, el que hace chistes y bulea mucho al resto de sus compañeros. Shoko es una niña sorda que llega al salón para comenzar una nueva etapa. Con total insensibilidad y ante la indiferencia de los adultos, él comienza a molestarla por su discapacidad (incluso agrediéndola físicamente) y otros compañeros le siguen la corriente, buléandola directamente pero también con risitas discretas, murmullos o simplemente callándose ante tanta grosería.

Al cabo de un tiempo, y a pesar de la fortaleza y dignidad de Shoko, su madre termina por cambiarla de escuela.

Pasan los años. Shoko, Shouya y los demás se reencuentran en la secundaria. ¿Al final, quién resultó ser la víctima y quién el victimario? ¿En qué se convierte un “bully” cuando crece? ¿Y los cómplices? En una etapa de adquisición de madurez y encuentro inevitable con la adultez, ¿se puede salir ileso tras los errores del pasado, la confusión del presente y la estrujante incertidumbre del futuro?

Es inevitable preguntarse esto y más cosas mientras estás viendo Koe no Katachi (Una voz silenciosa), una de las películas de animación más trascendentales de los últimos años. Tratando un tema que está “de moda” de una forma refrescante y cercana, la directora Naoko Yamada y el estudio Kyoto Animation demuestran, una vez más, que el anime (animación japonesa) sigue siendo una de las formas más nobles y contundentes de arte con mensaje que existen en la actualidad, y da un respiro enorme a una industria que, ante los ojos occidentales, pareciera estar en peligro por el retiro (pospuesto pero inminente) de Hayao Miyazaki. Nada más lejos de la realidad.

A lo largo de la trama, basada en el manga del mismo nombre (2013 – 2014), la premisa, que al inicio pareciera cliché, se extiende gracias al estupendamente desarrollado carácter de cada uno de los personajes, quienes, evidentemente, lidian cada uno a su forma con las consecuencias del acoso del que fueron cómplices, llenando al espectador de reflexiones inevitables: dada la personalidad tan marcada de cada uno, es prácticamente imposible no identificarse con por lo menos alguno de los comportamientos exhibidos en la película, pero también te encontrarás con alguno que otro lugar común, como el no decir a tiempo lo que sentimos a las demás personas, antes de que sea demasiado tarde.

Las imágenes de Koe no Katachi nos llevan por un viaje que no deja de tener rasgos distintivos del anime (atmósferas oníricas, comedia ligera, saltos en el tiempo), pero que en momentos se torna demasiado serio y usa los silencios para acentuar instantes de más reflexión y sentimiento, especialmente en la parte final, donde todo se torna más denso, aleccionador y simbólico. Esto, aderezado con giros de tuerca verdaderamente inesperados, crea una fórmula infalible, un ataque de emociones donde será tan inevitable reír como llorar, y donde cada silencio es sinónimo de reflexión interna.

La calidad de la animación es alta. Los colores brindan credibilidad a los escenarios sin querer parecer todo el tiempo fotorrealistas para conservar ese toque de fantasía indispensable en toda animación; en contraste, y aunque parezca una ironía, los rostros de los personajes, sin importar sus enormes ojos, son los que aportan más realismo a las situaciones, gracias a la calidad de su confección.

Koe no Katachi complementa y acompaña a otras dos cintas japonesas que, en los últimos años, han causado revuelo en la taquilla internacional no sólo por sus ganancias económicas sino por el tratamiento de los temas y su estupenda calidad: Kimi no na wa (Your name) y Kono Sekai no Katasumi ni (En este rincón del mundo).

Así pues, Una voz silenciosa demuestra (para quienes aún no lo hayan entendido) que el anime no es la violencia con la que erróneamente se le ha catalogado, o los temas banales o pornográficos. Anime hay para todos los públicos y Koe no katachi conmueve, mueve, y promueve lo mejor no sólo de la animación japonesa, sino de los valores universales que todos los seres humanos tenemos, pero a veces nos vemos obligados a ocultar.

P.D. Si ya viste 13 reasons why de Netflix, es inevitable que encuentres paralelismos, pero la forma en que Koe no katachi trata el tema del acoso es única y muy diferente.