Tuvimos que hablar con Tilda

Una de las ausentes de los Oscar

Especial

En la película Tenemos que hablar de Kevin interpretas a una madre que sostiene una relación tormentosa con su hijo…

Como madre no existe temor más grande que no poder conectar con tu hijo. Además tengo gemelos, cuando los conocí había una voz interna que me asustaba con la idea de que alguno, o ambos, pudieran ser apáticos hacia mí o yo hacia ellos, justo como le pasa a Eva, mi personaje.

Justo por ser madre, ¿cómo te sentiste en ese rol?

Nuestros demonios más atroces provienen de una relación erótica y psicológica con nuestra madre.  Hacer esta película es como mi tesis para entender la relación con mis hijos. Es una catarsis y autoexploración. Me gusta jugar con el sentimiento de empatía hacia Eva, es la única manera de lograr un sentimiento real con esas madres que sufren, que se condenan y que se sacrifican por un hijo.

¿La complejidad y oscuridad de la historia fue lo que te atrajo?

Me aterraba la idea de interpretar a una mujer tan obsesiva pero a la vez me fascinaba. En esta cinta la madre tiene muchos fantasmas del pasado que relaciona con Kevin quien es un espejo de lo que más desprecia de su vida.

En Julia interpretas a una mujer trastornada que secuestra a un bebé, en Io sono l’amore eres una esposa infiel que destruye a su familia y, en Kevin, eres una madre obsesiva. ¿Existe alguna intención en esta trilogía materna?

Definitivamente es una trilogía en la que exploro los sentimientos más profundos emocional y psicológicamente de la madre, desde sus debilidades y miedos, hasta sus más aterradoras obsesiones. El concepto de la madre es fascinante porque de ella recibimos amor, pero también crueldad.

¿Dónde te sientes más cómoda trabajando, en Hollywood o en cine independiente?

En Hollywood todo es espectáculo, hay mucho dinero, comodidades, exigencias pero no me siento tan conectada con su discurso. Me entusiasma más el cine europeo porque tiene contenido. Hollywood me ha dado proyección y eso me ha permitido llegar a proyectos ambiciosos en los que puedo experimentar y crecer como artista. Cuando recibí el reconocimiento de la Academia, fue un honor, pero me apasiona más recibir elogios de un público sensible e inteligente.

En 2005 tuviste presentaciones con Patti Smith: leías textos de Susan Sontag, Bertolt Brecht, William Blake y William S. Burroughs. ¿Has pensado repetirlo?

La literatura es lo que más admiro en el mundo. Me gusta la poesía que tiene ritmo y cadencia, por eso trabajé con Patti Smith quien es un personaje divertido que verbalmente echa juegos pirotécnicos. Quizá lo repita.