‘Orange is the New Black’, en boca de todos

La serie que deberías estar viendo

Y Netflix es el nuevo HBO

No es Capadocia”, no es “Oz” y definitivamente no es “Prison Break”, pero “Orange is the New Black” sí nos lleva detrás de las rejas de una correccional para seguir los dimes y diretes de nuestra protagonista: una rubia de clase media mucho más preocupada por perderse un par de capítulos de Mad Men que por el hecho de que por 15 meses una prisión será su nueva casa.

Ya decíamos que Netflix es el nuevo HBO y con esta comedia de los creadores de “Weeds”, lo volvemos a comprobar. De diálogos inteligentes, situaciones que se apartan absolutamente del cliché y actuaciones tan enternecedoras como cómicas, Orange se lleva nuestro voto como la comedia que la televisión necesitaba.

Nos vemos lanzados directamente a las regaderas de prisión desde el segundo uno que empieza la serie. Taylor Schilling como Piper Chapman nos recuerda que cuando uno está encerrado en la cárcel los peligros acechan en cada esquina… y eso empieza con los hongos en los pies.

A partir de ese momento, sabemos que Chapman no es una heroína sufrida. Sí, ha sido privada de su libertad por más de un año, sí se ve obligada a aplazar su boda con el prometido al que ama (encantadoramente interpretado por Jason Biggs), y sí, no hay pez más fuera del agua que una burguesa dedicada a hacer lociones y jabones atrapada en una pecera con tiburones (del ghetto), pero eso no significa que se vaya a dedicar a llorar… tanto.

La historia entera parece una oda tejida alrededor de lo mucho que el destino odia a Piper -curiosamente, historia basada en las experiencias reales de la escritora Piper Kerman- A nuestra protagonista nada parece salirle bien, empezando porque, luego de 10 de años de haber pasado por una “etapa lésbica” y haber transportado dinero de drogas una sola vez en su vida como favor a su en ese entonces novia, acab en prisión. Pero ésa es sólo una probadita de lo dispuesto que está alguien allá arriba a hacerle la vida de cuadritos.

Llega a la cárcel para toparse con que la novia a quien ahora odia, también está encerrada con ella (interpretada por la alumna de “That 70’s Show”, Laura Prepon), a su arribo insulta a la encargada de la cocina quien decide vengarse de ella privándola de comida, logra muy a su pesar enamorar a la prisionera más loca de todo el reclusorio, quien inmediatamente la hace su esposa, y termina con un terrible corte de pelo proporcionado por el único transexual en el bote. La cereza en el pastel.

Para Piper Chapman esos 15 meses en prisión se van a sentir como 15 años. Y no podemos evitar sentir gran placer al respecto. Después de todo, entre peor se la pase ella, mejor nos la pasamos nosotros. Y no estamos hablando de que ésta sea una comedia de carcajadas, pero simplemente amamos la idea de que una mujer que compara las chanclas en prisión con Toms y se pregunta cuántas generaciones de iPhone van a salir mientras ella esté encerrada, acabe tan embarrada en el lodo que ni un baño a cubetazos pueda limpiarla.

Y los personajes secundarios son un manjar. Desde “Crazy Eyes”, cuyo pretexto para hacer de Piper su esposa es “lancé mi pastel por ti”, hasta Deborah Rush, como la mamá de nuestra protagonista, mucho más preocupada por la vida usable de los ovarios de su hija que por el hecho de que esté recluída, cada papel escrito en Orange se degusta como crema pastelera.

Nos nos juzguen si deseamos que a Piper le alarguen susentencia, porque a esta primera temporada, cuyos 13 capítulos ya pueden encontrar en Netflix, la calificamos con un 8.5… y quisiéramos que fuera una cadena perpetua.