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Crítica de la nueva serie de Cinemax

'Banshee': No es Tarantino, pero cómo lo parece

18 de enero de 2013
Por    Iván Pasillas

“¿Quieren sangre?”, parece que dijo Alan Ball, creador de la ya de por sí violenta True Blood antes de estrenar Banshee. “Pues sangre tendrán.”

Si Kill Bill, Reservoir Dogs o Pulp Fiction te parecieron demasiado violentas, entonces Banshee, la nueva serie de Cinemax, producida por Alan Ball, definitivamente no es para ti. Curiosamente, Quentin Tarantino no está en absoluto involucrado con el proyecto, lo que de ninguna manera implica que no esté repleto de sexo, sangre y…tal vez no rock and roll, pero sí Amish.

Detrás de las explosivas páginas de este nuevo cinemático show se encuentra Jonathan Tropper, novelista del best seller One Last Thing Before I Go, y David Schickler, también escritor, mejor conocido por la novela Sweet and Vicious. Lo que básicamente nos dice que al guión, palabras inteligentes, no le faltan.

En Banshee, un ex convicto y ladrón extraordinaire llega al pueblo de nombre homónimo en Pensilvania en busca de un ex amor, un significativo número de diamantes robados, y…problemas, básicamente. Luego de robar la identidad del nuevo sheriff del pueblo, nuestro protagonista se convierte en Lucas Hood (sobriamente representado por Anthony Starr, una especie de clon de Stephen Amell), pero no rectifica su camino; y, peor aún, se vuelve el hombre más buscado por “Mr. Rabbit”, el gangster a quién estafó en primera instancia, y Kai Proctor, el maloso amish oficial del pueblo (sí, Amish).

Desde la primera escena, Tropper y Schickler establecen el mood oscuro. Si no te gusta ver autobuses de dos pisos voltearse y volar por la calle, éste no es tu programa. Y desde ese momento, las imáganes perturbantes cargadas de violencia no paran de llegar. Un acuchillado con cubiertos de mesa, una mano agujereada a balazos, dientes botados a golpes y una terrible muerte sentenciada con una botella de Catsup –tal cual- te dejan con los ojos pegados a la pantalla y el pantalón arañado.

Como en muchas otras series, el protagonista (por amoral que sea) no resulta el personaje más llamativo de la historia. En este caso son otros dos amorales los que más llamaron nuestra atención. 1. Kai Proctor (Ulrich Thomsen), como el villano sin corazón. Uno capaz de amenazar con la mirada y ni siquiera inmutarse mientras le vuelan balas a los lados –pero eso sí, con un tatuaje tamaño espalda de Jesús en la cruz. Y, 2. Job (Hoon Lee) como el travesti, hacker, maestro de la estafa quien se roba cada escena en la que aparece con una absoluta falta de noción sentimental, casi Asperger, y coloridas pelucas.

En resumen, nosotros estamos dispuestos a llamarle la nueva Justified siempre y cuando, después del espectacular estreno de su piloto, ‘Banshee’ pueda mantener la energía en alto y las escenas a la Frank Miller en el menú como platillo principal. Nada podría ser peor para un show como éste que bajar la velocidad y estancarse en secuencias dialogadas. Con todo y todo, le damos un 8.5 de calificación final.

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