*

David Riker: historias de migrantes (Detrás de 'The Girl') | Chilango.com

Revista Chilango

50 lugares para comer
rico por menos de $150
Abril 2014
No. 125
Suscríbete

Registrate o inicia sesión a través de:

Detrás de 'The Girl'

David Riker: historias de migrantes

Riker. Cortesía Riker.
06 de noviembre de 2012
Por  Fernanda López   

Cuando nos hablan de cine de migrantes tendemos a decepcionamos. A fin de cuentas, ¿cuántas películas no hay del tema? Sin embargo, al ver The Girl nos enfrentamos a una faceta distinta del problema.

La cinta cuenta la historia de Ashley (Abbie Cornish), una americana que pierde la custodia de su hijo y no tiene el dinero para recuperarla. Desesperada, decide convertirse en "coyote", pero las cosas salen mal al dejar indefensa a una niña oaxaqueña (Maritza Santiago).

La producción tiene una calidad soprendente, al grado de que nos hace pensar que realmente fue filmada en la frontera, cuando en realidad se rodó en Oaxaca. Sorprendidos, hablamos con David Riker, el director, para que nos contara qué hay detrás de todo esto.

¿Cómo surgió la idea para The Girl?

Yo ya había hecho una película de migrantes en Nueva York, y todos hablaban de la frontera, de cómo era cruzar al otro lado, pero yo no sabía, entonces empecé a hacer recorridos con el apoyo de Marina Stavenhagen. Juntos fuimos a la frontera muchas veces, de Tijuana hasta Matamoros, tratando de entender.

Con tiempo nos dimos cuenta de que el mito central de la frontera es falso: que si uno logra cruzar puede encontrar un mejor futuro, realizar sus sueños. ¿Qué implica esta idea? Que atrás de ti, en tu pueblo, hay esperaza. Pero en mi país no existe esa esperanza. Nosotros vivimos atrapados.

Es interesante que el migrante tenga esa esperanza que va a encontrar en Estados Unidos, entonces quisimos darle la vuelta a este mito. Podemos decir que uno que cruza al sur también puede encontrar un nuevo futuro. quizá en los pueblos en Oaxaca hay razón para tener esperanza: no hay riqueza, no hay muchos videojuegos, hay pocos teléfonos, poca electricidad... pero hay una riqueza que nosotros en NY no tenemos. Esta semana en Nueva York durante el huracán no hubo luz, y nosotros estábamos jodidos, porque no sabíamos qué hacer.

¿Qué te llamó la atención del tema de la migración como para hacer esta película?

Yo creo que el migrante, no sólo mexicano, sino a nivel mundial, es el sujeto central de nuestros tiempos. En los últimos años hemos visto que el neoliberalismo necesita destruir las relaciones culturales que existen en muchas partes del mundo. La consecuencia de esto son los migrantes. Por eso quería hacer películas sobre ellos. En The City hablé con varias personas y sentían tristeza por el sufrimiento de esta gente, pero hablaban como si fuera algo que nada que ver con ellos. Cuando uno entiende que el migrante que le está cortando el pasto o que hace la limpieza es mamá o papá y que en la mayoría de los caso dejó a sus hijos atrás, cambia por un momento todo;a idea que la frontera está seprando familias forzadamente, es una cosa que a nadie le gusta. Les asusta. Busqué una protagonista estadounidense que tiene que estar separada de su hijo forzadamente, y que piensa al comienzo de la película “nadie sabe cómo sufro yo”.  Quería que en esta experiencia ella se viera reflejada en los migrantes. 

¿Qué te hizo seleccionar a Abbie Cornish como protagonista?

Muchas actrices querían hacer su papel. No hablaban español pero decían que tenían buen oído y que aprenderían los diálogos rápido. Abbie dijo: “no quiero aprender los diálogos, quiero aprender español”, y lo hizo durante seis meses. Esta experiencia le cambió la vida porque encontró una realidad muy fuerte.

¿Cómo fue el acercamiento con Maritza?

Fue muy difícil porque en las comunidades indígenas están, por razones muy conocidas, muy cerradas. Han sufrido mucho y hay un historial de 500 años de decepción, de mentiras. Pero era esencial que la niña viniera de una de estas comunidades. En cada pueblo hay una escuela, y si quieres entrar a ver a las niñas primero tienes que hablar con el comité de padres o con el director de la escuela, los maestros, y después de cuatro, cinco o seis reuniones tal vez te dejan entrar. Hago mi lista, pido una reunión con los papás. Ahora empiezo a hablar de la película y pasan cosas como "Ah, pero mira, en el otro pueblo había un hombre que hablaba de un circo pero estaba robando los órganos de los niños". Entonces pierdes ese pueblo. Pasé por cientos de pueblos y cada vez que encontraba una niña perfecta, muy indígena, se cohibía demasiado. Las niñas que tenían más chispa eran más blancas, más “urbanizadas”.

Este proceso duró un año, pero si te digo la verdad, fueron dos rondas con esta película porque hace cuatro años íbamos a filmar con otra niña y otra actriz. Sin embargo, se cayó la economía y se cerró la empresa que estaba financiando la cinta. Tuve qué empezar desde cero. Esa vez había visto a 3000 niñas, también. En este proceso buscamos a 12 niñas y teniéndolas empezamos otro proceso más elaborado para ver si podían con el papel y si sus familias estaban comprometidas. Al final quedaron tres niñas increíbles y fue muy difícil elegir a una. Como director, todo este proceso fue lo más difícil, porque no estábamos en la industria del cine, no había que hablar con agentes ni otros profesionales. En estos casos hay que ganarse la confianza.

¿Por qué la insistencia en usar a una niña indígena?

Me facilita mucho que ella ya está actuando un papel muy cercano al de su propia vida, seguramente. Cando yo hacia el casting no buscaba una niña que pudiera hacer el papel de Rosa, yo buscaba a Rosa. Fue más difícil con Abbie Cornish, que es una actriz que tiene que inventar todo el contexto de mujer de clase trabajadora en Texas. Tuvo qué aprender español para que no sólo los gringos piensen que es real, sino los texanos.

¿Cómo fue tu trabajo con las actrices?

Usé una manera de trabajar que es como un taller dramático en que el primer mes no hablamos del guión. Hicimos juegos, Maritza llevó a Abbie de compras al mercado, paseamos juntos... en fin, entramos un poco en papeles. Cuando sentí que ya había cierto lazo comencé a trabajar el guión. Por seis meses trabajé con Maritza para qué lo dominara, pero cuando vino Abbie no trabajamos en el guión, sino en construir amistad. Luego, escena por escena, descubriendo el sentimiento. Usábamos mucho el dibujo. Dibujamos cada escena cada día, y al final quedó un álbum.

¿Qué es lo que quieres que piense la gente al salir de tu película?

Que tenemos que cruzar fronteras de todo tipo: políticas, culturales, de clase social. Nuestro mundo es artificial con estas fronteras. Sería bonito que mi película pueda abrir esta idea de abolir estas fronteras y de valorar lo que el capitalismo os dice que no tiene valor. El capitalismo dice que lo que tú, campesino, haces, no tiene valor: no vale nada tu maíz. Hay mucho valor en esta parte del mundo que la gente que sí vive ahí conoce, pero nosotros que ya estamos desarraigados olvidamos, y pensamos que nuestros iPhones nos van a salvar. Y no.

Texto  
¿Te gusta?
Síguenos en: