Lo hemos visto dando vida a judiciales, a políticos, a lords, a sacerdotes... Es un actor, como pocos, con la facilidad de un camaleón: cambia de personalidad como de sombrero (que puede ser de paja, de copa, de mariachi). Siempre llega a la pantalla grande para superar su papel anterior.
En el FICM 2011, cinco de sus películas integraron un ciclo con el que le rindieron homenaje: Don't let me drown, La leyenda de una máscara, El último comandante, Dos crímenes, Un mundo maravilloso y La mujer del puerto.
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