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Clichés de las películas que nadie ve

Mentiras del porno

Ay dolor!!! El guru del sexo Ay dolor!!!
21 de julio de 2011

En varias películas hay ciertos patrones que una y otra vez se repiten: mismas circunstancias, mismos personajes, misma historia, mismos chistes… a eso nos ha acostumbrado Hollywood. El mundo de las películas porno no es la excepción; ya sea en el cine o en la televisión, la mayoría de las películas –por no decir todas –, desde las clásicas como Garganta profunda, hasta las más nuevas, tienen esos patrones que se repiten una y otra vez. Nosotros hemos hecho un pequeño listado con algunos de los clichés más recurrentes en las películas porno. Obviamente, todo esto parte de una investigación con fines antropológicos y no nos pusimos a ver estas pelis por morbosos. Ajá.

Mito: Todas las mujeres tienen cuerpos esculturales.

Realidad: Si te metes a ver una peli de éstas, ya vas con mood de ver cualquier trapo como piel.

Mito: Todos los hombres tienen cuerpos musculosos.

Realidad: Duhh. ¿Será que les importa eso a las actrices? Porque a los hombres (el 97% de los que consumen porno), como que ni lo notamos –y si lo hacemos lo olvidamos como al tercer segundo–.

Mito: Todas las mujeres casadas son infieles.

Realidad: Fantasía típica de macho. "Pasa, no está mi marido". Ajá.

Mito: Los jardineros o limpia piscinas tienen aspecto de modelo.

Realidad: Con todo respeto, como que es al revés ¿no? ¿Se imaginan el anuncio en el periódico? "Empresa de jardinería solicita empleados. Requisito: estar mamey".

Mito: Si un hombre está espiando a una mujer, a ésta la prende notarlo.

Realidad: Inténtenlo y verán qué pasa: además de gritar, te agararrá a mentadas y golpes por cochinote voyeurista.

Mito: Cuando un hombre y una mujer se quedan trabajando solos, siempre terminan teniendo sexo –ahí mismo en la oficina–.

Realidad: Bueno, eso sí llega a pasar (¿vieron la revista Chilango de julio?), pero normalmente no nos enseñan la segunda parte: cuando terminan su affaire, se odian y se hacen la vida imposible.

Mito: Todas las mujeres usan zapatos de tacón alto. Hasta cuando andan en pijama.

Realidad:  Cualquiera que haya vivido con una mujer sabe que los zapatos con tacones sólo se usan en exteriores.

Mito: Si una esposa descubre a su marido siéndole infiel, lo que hace es unírsele y experimentar un Ménage à trois

Realidad: Si eso pasa, la esposa no sólo te pide el divorcio, sino te deja en la ruina. 

Mito: Las mujeres nunca se preocupan por el embarazo o las enfermedades de transmisión sexual.

Realidad:  A ver, valientes ¿quién se atrevería a meterse con una actriz porno sin protección?

   

Mito: Los hombres nunca tienen problemas de disfunción eréctil.

Realidad: Ah, malditos mitos, por eso los odiamos.

Mito: Las mujeres siempre están dispuestas a tener sexo, nunca les duele la cabeza…

Realidad: Chale...

Mito: Todos los hombres siempre dicen ¡ohh yeahh!

Realidad: Si lo haces y no eres gringo, seguro tu pareja pensará que eres un pobre perdedor y nunca más volverá a contestar tus llamadas.

Mito: Si a una jefa le gusta un empleado, ésta lo obliga a tener relaciones sexuales con ella.

Realidad: A lo único que te obliga tu jefa es a trabajar más. Ya ubícate.

  

Mito: Las enfermeras tienen relaciones sexuales con sus pacientes.

Realidad: ¿De dónde saldría esa fijación con las enfermeras? La mayoría, al menos en el DF, son señoras a las que sientes más como tu abuelita ¿no?

Mito: Todos los hombres quieren acostarse con todas las mujeres –y viceversa–.

Realidad: Todos los hombres quieren acostarse con todas las mujeres. No hay viceversa.

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