Miguel Marte: El último héroe del videohome

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Miguel Marte

Por José Xavier Navar

Miguel Marte es un hombre orquesta: dirige, produce, actúa, musicaliza, fotografía y hasta edita sus películas. No encontrarás su nombre en la historia de la cinematografía nacional. Lo suyo está en el videohome, género muy barato de hacer que se inventó a finales de los años 80 y que nunca pierde de vista el dinero como último fin.

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A sus 58 años, para fines de actuación y talacha videohomera usa los seudónimos de Miguel o Ángel Sancho y Mercury Sánchez. Ha hecho más de 200 producciones como La Mataviejitas: asesina serial (2006) y la primera cinta que abordó el caso del asesinato de Luis Donaldo Colosio, Se chingaron al candidato Coloso –que hasta se exhibió en el circuito comercial a fi nales de 2005 bajo el título de Magnicidio: complot en Lomas Taurinas–, así como el primer videohome de Mario Almada (En la línea de fuego).

Un día escuchó decir a su jefe, el productor Víctor Herrera, que invertía unos 10 mil dólares para hacer una película y luego la vendía en 20. Miguel Marte quedó impresionado. Había dejado la abogacía en 1987 para ponerse a trabajar como ingeniero de sonido en cine y pensó en aquella afirmación como el negocio de su vida. Le dijo a su esposa que consiguieran el dinero e hicieran una cinta.

Con algunos estudios de cine y tomando unos talleres adicionales, en muy poco tiempo se dio cuenta de que las películas ni costaban 10 mil dólares ni se vendían en 20. Por eso se fue inmediatamente a la quiebra con El asesino del paso, que resultó «técnica y espantosamente mal… Tuve todos los problemas que puedes tener cuando haces una primera película». Más tarde, un amigo de apellido Candiani se asoció con él luego de vender la película a una compañía de Los Ángeles.

Cuando hacía la segunda, Miguel escuchó el comentario de que el videohome no tenía futuro porque lo grababan como si fuera una telenovela. «Eso me inquietó mucho y recordé que tenía algunos rollos de película de 16mm y Super 8. Vi que era posible hacer películas en 16mm que para nada tuvieran que ver con los formatos telenoveleros y, para no invertir más, rescaté un viejo sistema para editar e inventé una pegadora de negativos».

Bajo ese formato hizo El vengador callejero, con Pedro Infante Jr., que se vendió bien. A la tercera película, le habló Gerardo Gascón, de la productora Mexinema (la que distribuyó en VHS Rojo amanecer), «porque estaban muy interesados en películas de 16mm y acabé asociado con él. Apostamos porque todo iba a funcionar bien y fue un éxito. Entre 1989 y 1990 todo mundo quería hacer cintas en 16, pero yo les llevaba un año de ventaja. Después vinieron como en cascada unas 120 películas y en algunas trabajé muy a gusto con Mario Almada, nos hicimos muy amigos».

Para leer el reportaje completo sobre el rey del videohome, busca la revista Chilango de marzo.

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