Mentiras del porno

Clichés de las películas que nadie ve

El guru del sexo

En varias películas hay ciertos patrones que una y otra vez se repiten: mismas circunstancias, mismos personajes, misma historia, mismos chistes… a eso nos ha acostumbrado Hollywood. El mundo de las películas porno no es la excepción; ya sea en el cine o en la televisión, la mayoría de las películas –por no decir todas –, desde las clásicas como Garganta profunda, hasta las más nuevas, tienen esos patrones que se repiten una y otra vez. Nosotros hemos hecho un pequeño listado con algunos de los clichés más recurrentes en las películas porno. Obviamente, todo esto parte de una investigación con fines antropológicos y no nos pusimos a ver estas pelis por morbosos. Ajá.

 

Mito: Todas las mujeres tienen cuerpos esculturales.

Realidad: Si te metes a ver una peli de éstas, ya vas con mood de ver cualquier trapo como piel.

 

Mito: Todos los hombres tienen cuerpos musculosos.

Realidad: Duhh. ¿Será que les importa eso a las actrices? Porque a los hombres (el 97% de los que consumen porno), como que ni lo notamos –y si lo hacemos lo olvidamos como al tercer segundo–.

 

Mito: Todas las mujeres casadas son infieles.

Realidad: Fantasía típica de macho. “Pasa, no está mi marido”. Ajá.

 

Mito: Los jardineros o limpia piscinas tienen aspecto de modelo.

Realidad: Con todo respeto, como que es al revés ¿no? ¿Se imaginan el anuncio en el periódico? “Empresa de jardinería solicita empleados. Requisito: estar mamey”.

 

Mito: Si un hombre está espiando a una mujer, a ésta la prende notarlo.

Realidad: Inténtenlo y verán qué pasa: además de gritar, te agararrá a mentadas y golpes por cochinote voyeurista.

 

Mito: Cuando un hombre y una mujer se quedan trabajando solos, siempre terminan teniendo sexo –ahí mismo en la oficina–.

Realidad: Bueno, eso sí llega a pasar (¿vieron la revista Chilango de julio?), pero normalmente no nos enseñan la segunda parte: cuando terminan su affaire, se odian y se hacen la vida imposible.

 

Mito: Todas las mujeres usan zapatos de tacón alto. Hasta cuando andan en pijama.

Realidad:  Cualquiera que haya vivido con una mujer sabe que los zapatos con tacones sólo se usan en exteriores.

 

Mito: Si una esposa descubre a su marido siéndole infiel, lo que hace es unírsele y experimentar un Ménage à trois

Realidad: Si eso pasa, la esposa no sólo te pide el divorcio, sino te deja en la ruina. 

 

Mito: Las mujeres nunca se preocupan por el embarazo o las enfermedades de transmisión sexual.

Realidad:  A ver, valientes ¿quién se atrevería a meterse con una actriz porno sin protección?

   

Mito: Los hombres nunca tienen problemas de disfunción eréctil.

Realidad: Ah, malditos mitos, por eso los odiamos.

 

Mito: Las mujeres siempre están dispuestas a tener sexo, nunca les duele la cabeza…

Realidad: Chale…

 

Mito: Todos los hombres siempre dicen ¡ohh yeahh!

Realidad: Si lo haces y no eres gringo, seguro tu pareja pensará que eres un pobre perdedor y nunca más volverá a contestar tus llamadas.

 

Mito: Si a una jefa le gusta un empleado, ésta lo obliga a tener relaciones sexuales con ella.

Realidad: A lo único que te obliga tu jefa es a trabajar más. Ya ubícate.

  

Mito: Las enfermeras tienen relaciones sexuales con sus pacientes.

Realidad: ¿De dónde saldría esa fijación con las enfermeras? La mayoría, al menos en el DF, son señoras a las que sientes más como tu abuelita ¿no?

 

Mito: Todos los hombres quieren acostarse con todas las mujeres –y viceversa–.

Realidad: Todos los hombres quieren acostarse con todas las mujeres. No hay viceversa.