Por Hugo Juárez

¿Qué sale de una mezcla entre Michael Bay, lo más estereotipado de Disney y el humor de Chespirito?

Probablemente nadie se atrevería siquiera a imaginar semejante aberración, y no porque en sí misma cada una de esas cosas que menciono sea mala, pero ¿una combinación de TOOODO eso?, ¿y si lo aderezamos con un número musical interpretado por un caballero dorado que le robó la personalidad a cualquier personaje de Jhonny Depp?

La Leyenda del Santuario es, por esto y muchas cosas más, un intento escandalosamente fallido de mostrarle a las nuevas generaciones la historia de estos personajes ochenteros que, en su momento, representaron un fenómeno inaudito a nivel mundial, especialmente en México.

La trama, que en su esencia (y solamente en su esencia) es igual que la original, nos cuenta la aventura de la reencarnación de la bondadosa diosa Atena (o sea, la adolescente Saori Kido), quien es amenazada de muerte por fuerzas que quieren apoderarse del mundo. Para ello han creado una Atena falsa, por lo que la niña decide hacerles frente acompañada y protegida por los caballeros de bronce, quienes deben enfrentarse a los 12 caballeros dorados que representan a los signos del zodiaco y resguardan un Santuario usurpado por la impostora y el Patriarca.

Esta épica odisea, que originalmente se publicó en varios volúmenes de manga y luego se llevó a la TV a lo largo de 73 episodios de media hora, queda reducida a sólo dos horas en las que, era de suponerse, abundan las omisiones, las pérdidas respecto a la versión original, los cambios extraños en la trama para adecuarse al limitado tiempo, etc.

En dos horas no hay tiempo para desarrollar adecuadamente la personalidad de cada uno de los caballeros que hace casi treinta años estaban en nuestras mentes, pero eso no justifica que los guionistas convirtieran a Seiya en un adolescente payaso sacado de la mente del “rey del humorismo blanco”, a Shiryû en un nerd pedante que es ridiculizado por sus compañeros, a Hyôga en un mueble de utilería, a Shun en un pazguato y a Ikki en un macho alfa que salva el día de la forma más estereotipada posible.

Mención aparte merece Saori, quien queda reducida a una damisela en peligro cuyas motivaciones para “aceptar su destino” nunca quedan claras, por lo que más bien parece un androide preprogramado para avanzar la trama mágicamente.

De los caballeros dorados ni vale la pena hablar: algunos mueren al instante, otros dejan pasar a los de bronce sin intercambiar golpes sino algunas palabras, uno canta, alguno dizque guía, están los que cambian de bando de la manera más anticlimática posible…

¿Por qué hay algunos personajes que parece que ya se conocen desde antes? ¿Por qué algunos personajes que se ve que ya se conocen desde antes de repente se desconocen? Nunca se explica, tal vez porque el director creyó que los fans de la serie tendrían las respuestas previamente.  ¿Pero y si nunca la viste? Te quedarás con la duda.

En la serie original los guerreros tuvieron mucho más tiempo para desarrollar sus personalidades. Aquí no, y por lo tanto los responsables de esta película decidieron convertirlos a todos en personajes de apoyo a otro personaje protagonista que no existe, porque ni Saori y Seiya brillan por sí mismos y su “protagonismo” básicamente les fue impuesto por el guion, porque “había que tener protagonistas”, en lugar de por la naturaleza de la trama.

Hay tan poco tiempo que las batallas (otrora épicas) no duran más que unos minutos, no tienen emoción, no transmiten. Sólo son un manojo de efectos, explosiones y diálogos insulsos. En el trayecto de los caballeros de bronce por el santuario ¡hasta se brincan casas con tal de llegar al final rapidito! Otros elementos esenciales, como el famoso reloj de las 12 casas, sólo fueron metidos a fuerza para apelar a la nostalgia pero nunca tienen importancia.

La trama está llena de chistes bobos que incluyen comedia física, cambios ridículos en la historia que ya conocíamos, locaciones inverosímiles (sí, incluso para una historia de estas características) y todo para que al final presenciemos una batalla sacada de los videojuegos japoneses más estridentes dirigida por un Michael Bay en su peor momento. Tal vez por eso es que las armaduras parecen Transformers y que las “placas” donde “viven” parezcan sacadas de un episodio chafa de los Power Rangers.

La animación se ve extraña porque es un híbrido entre live-action y anime, mientras que los efectos y sonidos no son malos pero se sienten exagerados e inútiles porque no están insertados en una trama con sustancia.

Lo más rescatable de esta película (y tal vez lo único) es que el doblaje al español está hecho por verdaderos actores que, por supuesto, no decepcionan, como Pepe Vilchis, el gran René García o María Fernanda Morales dirigidos acertadamente por un grande: Mario Castañeda, que no sólo es un veterano, sino que ha logrado imprimir su voz imborrablemente en sus fans. Por algo será.

La Leyenda del Santuario es una caricatura del anime y manga originales en el sentido más bajo; una exageración vacía; una mala broma cuyo desfavorable veredicto no está sujeto a la comparación entre la serie original y ella, sino que está lejos en sí misma de tener la calidad de una gran producción japonesa contemporánea.

Si el objetivo era presentar estos personajes a las nuevas generaciones, creo que les haría mucho mejor ver una obra de Pixar o de Disney moderno para entender que la animación ha llegado a un punto tal de madurez que puede entretener sin enajenar o contar historias valiosas con moraleja sin idiotizar. Eso sí, no se vayan con la finta: esta película no es para nada una representante del anime moderno.

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País:
Reparto: Kaito Ishikawa,Kenji Akabane,Kensho Ono
Director: Keiichi Sato
Género: Animación
Nombre Original: Saint Seiya: Legend of Sanctuary
Año: 0
Estreno: 0000-00-00
Duración: 93
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