Por Eric Orlando Jiménez Rosas

Sebastián (Krystyan Ferrer ), un adolescente veracruzano, se traslada a Costa Esmeralda para encargarse de la administración del motel de su tío, mientras éste debe ausentarse por motivos de salud. El motel es un lugar aislado, ubicado a un costado de la carretera, tiene únicamente nueve habitaciones disponibles y dos empleados más, una lavandera que acude de vez en cuando y un encargado del turno nocturno.   Aunque los clientes son esporádicos, Miranda (Adriana Paz), una solitaria agente de bienes raíces, y  Mario (Eliseo Lara Martínez), su amante, han elegido el motel como su lugar de encuentro. Sin embargo, Mario constantemente llega tarde a los encuentros o no asiste, por lo que Miranda, inquieta, comienza a entablar conversaciones con Sebastián. Eventualmente se va construyendo entre ellos una amistad, que llena las prolongadas horas disponibles que ambos tienen en su vida.

Las horas muertas es una historia intencionalmente simple. La acción se desarrolla principalmente en una locación, con una infraestructura sencilla. El ambiente que rodea al hotel es nublado, y la fotografía se enfoca en el paisaje oceánico y en escenas de la flora local. Los personajes son pocos, sus intervenciones son breves. Durante la primera mitad de la película, en la mayoría de las escenas, vemos a Sebastián y a Miranda solos. Toda esta soledad y moderación en los elementos pretende resaltar el paso del tiempo, el paso de las horas, y cómo esta condición es vivida por dos personajes que finalmente, como consecuencia, se unen.

Aarón Fernández, con habilidad, extrae la vida del interior de un lugar olvidado, recóndito, donde pareciera que nada ocurre. Y lo que logra sacar son los sobrios episodios de unos cuantos personajes, que perfectamente podrían pasar desapercibidos por ser poco interesantes o notables. Sin embargo, Aarón apuesta por esta parquedad, esa es su historia, y el eje de la misma es el transcurrir del tiempo.

La película no trata de presentar vidas aburridas, sino de revelar lo que ocurre y puede ocurrir mientras el tiempo avanza. Sabastián y Miranda, a pesar de sus limitadas interacciones y actividades, se encuentran emocionalmente activos. Sebastián lidia todos los días con la  repugnante responsabilidad de limpiar los vestigios de la actividad dentro de las habitaciones. Miranda, por su lado, se frustra por la informalidad de su amante.

Las horas muertas no son necesariamente las horas donde no hay nada que hacer. Son los momentos donde hay libertad para decidir qué hacer, para hacer algo más, para encontrar nuevas cosas. Son estas horas muertas las que permitieron la amistad, y posteriormente encuentros más íntimos y personales, entre Miranda y Sebastían. La parsimonia de la película, lo estéril del entorno y del contenido, es un medio para, por un lado, hacer sobresalir algo tan abstracto como el paso del tiempo; y, por otro, involucrar al espectador en la elaboración de la premisas, interpretaciones y conclusiones. La película ofrece elementos abstractos y en cantidades mesuradas, por lo que el espectador puede, gestalticamente, armar y completar la historia. Siendo esto inusual, puede desencadenar  una sensación de vacío en el espectador, aunque atendiendo de manera más profunda, se puede apreciar que existe cierto encanto al apreciar únicamente la marcha del tiempo.

País:
Reparto: Kristyan Ferrer,Adriana Paz
Director: Aarón Fernández
Género: Drama
Nombre Original:
Año: 2014
Estreno: 2014-05-09
Duración: 105
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