La postura femenina

Cine scrúpulos

Ira FrancoA la mayoría de las personas sensatas que conozco le importa un pepino si la obra de arte la hizo una mujer o un hombre. Casi imposible de creer es que en pleno siglo XXI se haya dado —¡por primera vez!— un Oscar a una directora; quizás es que en Hollywood no están por la perversión sutil, un elemento localizable en varios ejemplos de cine hecho por mujeres. Las mujeres somos crueles y nuestros finales no suelen ser felices pues presiento que no le tenemos tanto miedo al dolor como los hombres. Hay cosas perversitas y dulces que sólo pueden ser retratadas por una mano femenina: allí está Sofía Coppola con Virgin Suicides (1999) donde una cofradía de niñitas que despiertan al sexo y al suicidio irrumpe en la conciencia de toda una comunidad.

     Hace poco Jennifer Lynch —hija del admiradísimo David— sorprendió con su filme de horror Surveillance (2008) en el que su crueldad aparece tanto en la trama como en la dosificación de la información al espectador. Aunque no todo el cine hecho por mujeres se trata de asesinos seriales, allí está Kathryn Bigelow, el caso de una directora a la que se llama “atípica” porque filma “cosas de hombres”(¿la guerra es cosa de hombres? No me hagan reír).

En realidad, como lo sabrá bien cualquier artista, los temas no tienen sexo.

En realidad, como lo sabrá bien cualquier artista, los temas no tienen sexo. Lo que sí hace Bigelow es retorcer un poco la mirada para que un filme sobre la guerra de Irak como la multipremiada The Hurt Locker (2008) se convierta en una reflexión sobre el deseo y la muerte. Lo hizo antes con Strange Days (1995): era una cinta de ciencia ficción, cierto, pero no se trataba de ver cómo las máquinas nos deshumanizan sino todo lo contrario, era de cómo usamos las máquinas para expresar nuestros inconfesables sueños y deseos. Bigelow ha sabido acunar esa mirada femenina certera que afortunadamente ya empieza a validar el mainstream a partir del reconocimiento público. Vienen a refrescar los puntos de vista de una industria que empieza a aburrir… ¡Venga, directoras!
                 

IRA FRANCO  intenta no sucumbir al feminismo facilote , pero cree que las diferencias de género enriquecen. En realidad, cualquier tipo de diferencia.