Decálogo del buen cinéfilo

Con esto de las nuevas reglas para ir al cine… proponemos nuestros mandamientos.

Primero aclaremos que por cinéfilo entendemos cualquiera que disfrute de ir al cine (nada de amantes del cine de arte y odiantes del de finales felices hollywoodenses. Ésas son exquisiteces).

 

  1. No llegarás tarde a la película. Con todo el tiempo que duran los videítos institucionales de los cines, los trailers, los cortos, y la subida-bajada-subida del telón (todas majestuosas y lentas), el que llega cuando la película ya empezó es porque de veras…

 

  1. Una vez que inició la película, no insistirás en apartar celosamente más de un lugar. ¡No a las hileras completas apartadas para amiguetes conchudos que vienen tarde… mientras la gente que llega a tiempo no puede tener un buen lugar por ese abuso! Como dijera el sabio Cantinflas, no hay derecho, oiga.

 

  1. No pegarás chicles debajo del asiento, ni en el extremo del brazo (del asiento, obvio) para poner el refresco. En serio, en serio, no se vale. Una servilleta, un papelito, hasta la contraseña sirve para envolver la bolita…

 

  1. No aprovecharás la obscuridad para besuquear a tu pareja. Y menos ruidosamente. (Get a room!!)

 

  1. Si vas en segunda ronda (o sea, si ya viste la película) no emitirás una sola palabra (que no sea onomatopeya) hasta que salgan los créditos finales. Cualquier tipo de anticipación merece pena de muerte.

 

  1. No intentarás adivinar el desarrollo de la historia en voz alta. Este decálogo te reta a que intentes tus predicciones por escrito o telepáticamente.

 

  1. Sólo llevarás niños a funciones dobladas al español. Nada de leer subtítulos o jugar a la traducción simultánea.

 

  1. No patearás (y mucho menos, insistente y descuidadamente) el asiento del de adelante. Si lo haces y te reclaman, no te puedes enojar.

 

  1. No te quitarás los zapatos. Con el revuelto olor a nachos, palomitas y valentina es suficiente.

 

  1. No aplaudirás al final de la película, por buena que sea. Para eso está la entrega del Óscar o del Oso de Berlín… Hasta la del Ariel, vaya.