Bob Dylan... sigue rodando
Si
señores, ese es un calcetÃn en la entrepierna de Cate Blanchett y lo peor es
que luce fantástica. En la épica posmoderna del filme I’m not there, Cate Blanchett resulta más dylanesca que Dylan mismo
–en el mejor de
los casos, el abuelito de ese otro Bob imaginado, uno capaz de beber whisky en
el asiento trasero de un gran auto negro mientras habla de dios con Allen
Ginsberg—. Este año será difÃcil olvidar la más audaz de las personificaciones
que recuerda el cine de un icono rockero; aunque el crédito no es, por
supuesto, enteramente de la actriz australiana.
Todd Haynes (Velvet Goldmine),
un güerillo como de la Condesa,
sorprende con este biopic del músico-poeta, Dylan, donde ni siquiera se
menciona su nombre: seis personajes imaginados simbolizan un ‘aspecto’
diferente de su vida, pero también de su obra, inseparable biografÃa discursiva
de un artista, la única que no puede mentir. Ahà está Christian Bale, en un ligero
miscast (es muy complicado quitarle
‘lo Batman’) aunque salvando el dÃa, un notable Richard Gere al servicio de la
historia, pero sobre todo, allà está el que desde hoy podemos llamar ‘el
triste’, el recientemente fallecido Heath Ledger, quien hace adorable a un
Dylan grosero y chauvinista, turbado por su situación marital. (Aquel Dylan,
aquel Zimmerman en el que (otro chauvinista) John Lennon no creÃa).
En
todo caso, se trata de un extraordinario festÃn para nuestro nerdómetro. Los
clavados inscritos en el Dvdromo apreciarán muchÃsimo algunos guiños al cine
culto: hay referencias a 81/2 de
Fellini, a Persona de Bergman y a
toda la deliciosa subcultura de esta forma de poesÃa moderna, el rock.
Los
adoradores de Dylan no podrán estar más contentos: después de todo, el mismo
Bob le dio los derechos de las canciones a Todd Haynes, que este último utiliza
de forma triunfal en la cinta. I’m not
there es algo asà como su biografÃa autorizada en pedacitos. Una pelÃcula
de dj, en la que el último pedacito lo pone el fan.Â
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