Avatar: buena o mala

Cine-miércoles

Si no me gustó Avatar, ¿estoy mal? ¿muy mal?

Por Ira Franco

 

Creo que lo lograron. Voy a dormir en posición fetal el resto de mis días si alguien no me explica cuál es el gran escándalo con la última de James Cameron.

Acepto que hay momentos —la primera vez que aquella hermosa selva fosforece, por ejemplo—que realmente me hicieron querer estar allí. Pero el cine no es eso. El cine no es ‘querer estar allí’, sino efectivamente estarlo, olvidarse de la miserable existencia propia por dos horas y llegar a casa sintiendo que no todo puede estar tan mal. Y para eso hace falta un buen guión.

Por ahí dicen que no se puede empezar a construir una casa por las ventanas y el símil es valioso en este caso: no se puede sustentar una película en movimientos de cámara y luces artificiales sin tener primero personajes con los que el público se pueda relacionar.  Hace falta ‘tempo’, un ritmo que en lugar de impresionarme me conmueva y algo más que chabacana cursilería new-age. La ‘Pacha-mama’ y la metáfora fácil de ‘lo malos que somos con la madre Tierra’ es un discurso que ni a Al Gore le funciona, por dios. 

No esperaba que Avatar fuera una película de ‘arte’ (cualquier acepción que le quieran dar a este mote, yo ya no entiendo cuál sí es y cuál no); ni siquiera esperaba que tuviera sentido. Quería divertirme y ya.

(Últimamente uno va al cine esperando sólo eso. La vasta mina de contenidos en Internet, desde los videos musicales con propuestas visuales extraordinarias 

a cortometrajes animados independientes, compiten con lo que antes hacía el cine por nosotros: invitarnos, enredarnos en el tejido onírico del otro).

 

The Cat Piano from PRA on Vimeo.

 

Ya en el cine

 

Compré palomitas, apagué el cerebro y me senté a esperar. Espere casi una hora para que Cameron develara un mundo supuestamente mágico. Me gustó el azul de los Na’vi y hasta sus colitas pseudopsiquicosexuales. Creí en las primeras bestias (esa especie de perros negros) y en los rinocerontes y pensé que eso era tan solo una probada. Ahora viene lo bueno, ahora viene lo bueno…créditos finales…¿y lo bueno?

¿Y los animales que yo no pude haber imaginado? ¿Y las naves extraordinarias? ¿Qué onda con ese futuro lleno de helicópteros guangos y malos que se ríen como el Villano Reventón? ¿Eso era todo?

(Con mis amigos, otros amarguetes como yo, tenemos varias preguntas de concurso: ¿qué onda con sus islas colgantes ‘sin gravedad’ pero con enormes cascadas que, je je, CAEN. Shhh, cállese niña y vea la peli. Pp-pe-pero ¿por qué la muchacha chicha se enamora del menso este que se perdió en el bosque sin ninguna razón? ¿Así nomás por bruta? Shh, cállese y vea los efectitos…Oiga Mr. Cameron, y ¿la criaturita esa que vuela dando vueltitas no se marea? Digo, por algo la naturaleza dicta que las alas vayan a los lados, ¿no cree? Shh, usted niña hace demasiadas preguntas. Cállese y pague otra vez el boleto).

 

 

Referencias

A James Cameron se le acabó la tinta de la imaginación en la primera hora de la peli. Para entender cómo se crea un mundo quizás tendría que haber releído El Señor de los Anillos (Tolkien), Un mago de Terramar (Le Guin), la saga de The Sandman (Gaiman) o cualquier cómic de X-Men de Jack Kirby. Para entender algo sobre el poder —pues esta hubiera podido ser una gran fábula del poder si Cameron hubiera tomado el asunto en sus manos—, este director podía volver a ver El mago de Oz (Fleming 1939) o su incluso sus propias películas Terminator I y II.  Y pensándolo bien: esta ES una fábula del poder. Pero del poder aplastante. ¿La única manera de generar tecnología es siendo gringo autoritario?  ¿Esta pobre civilización con colitas conectables no puede aventar más que piedras? Qué barbaridad, qué manera tan pusilánime de leer la Historia, Cameron.

Quizás esa leyenda de que escribió el primer borrador del guión en tres semanas es cierta. Y también será cierto que nunca lo volvió a leer ni lo comparó con nada. Supongo que ese es el problema de vivir pegado a una computadora: crees que el mundo se acaba de inventar y te piensas muy listo por hacer una mezcla de todo y nada. Está bien, este es el siglo de los DJs, mezclar ES crear. Pero antes hay que conocer lo que se está mezclando. Y poner algo tuyo, qué caray.

Seguro me odiará la mitad del mundo por decir esto. Está bien. Los cito en una década aquí mismo, con el revólver en mano y listos para disparar el dato: ¿en diez años, alguien se acordará de Avatar por algo que no sean sus mil millones de dólares recaudados en taquilla? Ni el mismo Cameron, creo.

 

Me gustó o no…

(Claro que dirán: ¿ajá, tú lo puedes hacer mejor? ¡Vas, vas! Ándale, muy criticona y ni sabes, fea, horrible, no tienes corazón, Avatar está bien bonita…bla bla bla… Ok. Sólo para salir de deudas: no no, yo no puedo hacer algo mejor. La crítica es un artificio ínfimo contra lo que puede hacer un verdadero artista, pero, hablar de cine es importante, pues el cine y cómo lo vemos y cómo le compramos cualquier cosa al que nos vende espejitos habla de nosotros mismos. La película es lo de menos).