Los movimientos artísticos que nacieron con la caída del Muro de Berlín

A 26 años de la reunificación de Alemania

En 1989 cayó el Muro de Berlín lo que, simbólicamente, representaba la caída del bloque comunista y prácticamente culminaba la Guerra Fría. Con esto también se reunificaba Alemania después de la Segunda Guerra Mundial, hasta entonces dividida y controlada por la OTAN y el Pacto de Varsovia.

Siempre se presta atención al aspecto político y económico de la caída del muro, pero ¿qué hay respecto al arte? A continuación, algunas de las expresiones que surgieron a consecuencia de este evento y que, a mi parecer, son de las más significativas dentro del arte.

Artes visuales

Quizá la más importante herencia del Muro de Berlín a las artes visuales sea la prolífica producción de graffiti, pero sólo en el lado Oeste, pues en el Este ni siquiera se podían acercar a la pared.

Es muy contrastante el panorama de ambas partes del muro: la Democrática en blanco y, en el fondo, la Franja de la Muerte, esa zona a la que ningún ciudadano se podía acercar sin poner en considerable riesgo su vida; del otro lado la pared se había convertido en el lienzo más grande del mundo y en Él había pintura, colores, dibujo, palabras.

A grandes rasgos se puede decir que la mayoría del graffiti se hacia a modo de protesta, unos con mejor técnica que otros, pero lo importante es el uso del muro como un espacio de expresión de las preocupaciones de una sociedad, de la esperanza de cambio y la distinta visión de muchísimas personas sobre el tiempo y lugar en que vivían, todas contenidas en uno de los mayores símbolos de la estupidez humana.

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Murograf

Muchas de estas pintas jamás fueron reclamadas por sus creadores y permanecen anónimas. Con la caída del muro, una gran cantidad de estas pintas se perdieron, pero muchas más se conservaron en las calles, otras tantas fueron enviadas alrededor del mundo como piezas de colección. Una de ellas, por ejemplo, fue regalada a Bill Gates y actualmente se encuentra en el centro de conferencias de Microsoft, en Virginia; otra, irónicamente, está en la CIA, en Langley.

Otras secciones del Muro se encuentran en países como Seúl, Sudáfrica, Indonesia, Japón, Francia, Rusia, Estados Unidos e Inglaterra. En México se puede encontrar un pedazo del muro en el Colegio Alemán Alexander von Humboldt.

También recuerdo que en los 90 existían postales con fotos del Muro de Berlín y una cápsula de plástico que contenía una piedrita del Muro. Una amiga de mi madre en alguna ocasión recibió alguna y se me hizo la cosa más incomprensible del mundo. Ignoro si siguen existiendo estos souvenirs.

Documentación

Mientras recababa información para escribir este texto, me encontré con una increíble cantidad de imágenes y videos que, estrictamente hablando, no pueden ser considerados como “arte”. Pero me parecen muy importantes sus contenidos: en ellos se está registranda la historia y lo que pasa en el instante.

No podía dejar de preguntarme –mientras veía a los alemanes abarrotarse frente a una de las puertas del muro, salir, alzar las manos, bailar, deambular por la parte que antes les era imposible recorrer– si podía haber algo más artístico que la gente disfrutando la libertad de transitar y reunirse con sus compatriotas, si podía haber algo más estético que perfectos desconocidos festejando la reunificación bebiendo de una botella de champagne, si podía existir mayor catarsis que la de bailar sobre el Muro antes de tomar parte en su destrucción, aunque sólo se contara con un cincel y un martillo.

Desde mi punto de vista, la apresurada demolición del Muro por las propias personas que lo sufrieron es el gesto más artístico que éste pudo haber provocado.

Fotografía

En el documental protagonizado por U2, Trabantland, se narra lo que el Trabant (automóvil producido en Alemania de Este) significaba para la ciudad: el auto más popular durante la existencia de la República Democrática. Pero la fotografía del documental es todavía más reveladora: nos muestra una Berlín en reconstrucción que, poco a poco, se olvida del automóvil, paredes llenas de color y la planta de la VEB Sachsenring Automobilwerke Zwickau cerrada y abandonada.

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Trabant (Getty Images)

Una de las versiones del video de la canción One de 1991, dirigido por Anton Corbjin, está filmado en Berlín usando Trabants decorados. Para el video de Stay (Faraway, So Close!) de 1993, la banda regresa a Berlín y la fotografía es de nuevo una mezcla de un ambiente melancólico en una ciudad reunificada en donde las cicatrices del pasado todavía no han cerrado, pero que se sigue adelante.

Música

Habría que comenzar por aquel concierto –antes de la reunificación, en 1988– de Bruce Springsteen en Alemania del Este que, aparentemente, detonó el sentido de inconformidad en los habitantes atrapados por el muro. El mensaje de El Jefe fue claro: “No estoy aquí por ningún gobierno. He venido a tocar rock’n’roll para ustedes con la esperanza de que un día todas las barreras sean demolidas”. Un año y meses después las barreras fueron demolidas.

Una vez tirada la pared, todos pasaban de un lado a otro y Berlín era una ciudad eufórica. Una de las manifestaciones más importantes fue, quizá, la grabación del disco Auchtung Baby, de U2, en Berlín, no sólo por la música, sino por el trabajo fotográfico de Anton Corbjin que acompañó al álbum y por el impacto que supuso en la industria local.

Cine

De la gran cantidad de películas que se han hecho en torno al tema, resaltan títulos como La vida de los otros, The Legend of Rita, El cielo sobre Berlín y Cortina rasgada del famosísimo Alfred Hitchock, pero mi favorita es Good Bye, Lenin!: la tragicomedia dirigida por Wolfgang Becker.

La película nos muestra a Christiane, una ferviente seguidora del Partido Socialista en la Alemania del Este, y a sus hijos Ariane y Alex. Tras sufrir un infarto, Christiane queda en coma por ocho meses: el tiempo suficiente para la reunificación de Alemania. Está débil, física y mentalmente, y el doctor advierte que no debe sufrir de ninguna impresión pues le podría ocasionar otro ataque, en esta ocasión mortal.

Alex entonces se da cuenta que los nuevos cambios pueden no ser tan bien recibidos por su madre, por lo que emprende la titánica tarea de recrear la vida bajo el régimen socialista, labor que se va haciendo imposible pero sorteable gracias al ingenio del joven y el gran genio creador que tiene para explicar los cambios que su madre va encontrando extraños.

La película hace un interesante y cómico contraste entre el antes y después de la caída del muro en donde, entre broma y broma, la verdad se asoma.

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