Seis cuadros de la expo de Picasso y Rivera en diálogo

Pedimos al curador Juan Coronel Rivera que nos platicara cómo dialogan varias de las piezas de la muestra de Picasso y Rivera. ¡Corre a verla que se va!

Picasso y Rivera
Foto: Moisés Pablo/Cuartoscuro.com

Un recorrido por Picasso y Rivera. Conversaciones a través del tiempo, la exposición organizada en conjunto por el Museo del Palacio de Bellas Artes y Los Angeles County Museum of Art, nos llevará por varios grandes temas en los que hubo coincidencias o similitudes.

Primero veremos la manera en que Diego Rivera aborda la arqueología mesoamericana para colocarla en el arte moderno y cómo Picasso hace lo propio con la celtíbera y con el arte grecolatino.

«Pero la idea no es nada más ver cómo incluyen todo eso en su obra, sino cómo lo estudian», explica Juan Coronel Rivera, uno de los curadores de la muestra. «Una cosa fundamental fue que no solo veían las piezas desde la perspectiva estética, sino que uno y otro eran estudiosos de la antigüedad; leían, se instruían… Picasso, por ejemplo, para hacer la serie de grabados que hay aquí de Las metamorfosis, leyó todo Ovidio».

También interesaba a los curadores que se mostrara el paralelismo entre la estética grecolatina y la estética náhuatl –la que más veía Rivera–.

«La Coatlicue y la Venus de Milo tienen la misma importancia estética y son los dos fundamentos de la belleza», sostiene Coronel Rivera. «El hecho de que Occidente haya posicionado su visión como la primordial en el siglo 18 no significa que eso sea una verdad, ni que hable realmente de la universalidad. Ese sería el eje en relación con la antigüedad.»

Otro eje que la exposición buscó dejar en claro fue la invención de lo moderno.

«En este caso, Picasso iba a la cabeza, porque él en 1905 está ya fincando las bases para la gran invención de 1906 y 1907, que es el cubismo, y aquí lo que vemos es cómo Rivera, en 1911, se anexa al cubismo, se adhiere a la escuela, y las aportaciones y los diálogos que hubo entre uno y otro, qué veía Picasso de Rivera y viceversa.

«Una vez que los dos dejan el cubismo, Rivera viene a México y se integra al movimiento muralista mexicano, y es la primera aportación del continente al arte moderno. Nada más que hay una gran diferencia: el cubismo fue una cosa muy local, fue algo que se manifestó prácticamente en el centro de Europa, pero el muralismo sí tuvo un impacto a nivel internacional, sobre todo por el hecho de la escala. Picasso no hace una primera obra pública de grandes dimensiones hasta 1937. Si bien Rivera llega tarde al cubismo, Picasso después llega tarde al muralismo, y ese es el otro eje: la conversación estética que existió.»

“La parte de Pedro”, de Diego Rivera – “Retrato de Sebastia Juñer Vidal”, de Pablo Picasso

«Con estas dos obras cerramos la parte de la Academia, y lo que queremos puntualizar es qué realidad están viendo uno y otro. El cuadro de Rivera, ‘La parte de Pedro’, es un cuadro todavía de orden muy figurativo, a la Sorolla y Zuloaga, que no es académico, pero sí dentro de esa figuración a la española, que era ya un poco anticuada. Lo interesante en Rivera es que Sorolla y Zuloaga ponen a la aristocracia en los retratos, y Rivera pone a una pareja de campesinos. Ahí él te está hablando de una visión que después va a llevar a los murales, pero también de su realidad; él viene de un país agrario. Cuando él sale, en 1906, de México, seguía siendo un país totalmente agrario; no teníamos una infraestructura fabril. En cambio, Picasso está haciendo una escena de un bar donde el protagonista es su mejor amigo en ese momento, y está junto a ellos una muchacha del bar. Lo que resulta interesante es que Picasso ya está hablando de lo urbano, ya está hablando del pecado, de lo urbano, de la fiesta barcelonesa. Esos cuadros están dialogando en ese punto: uno nos está mostrando la realidad obrera de Rivera y el otro nos está mostrando la realidad urbana y festiva de Picasso.»

“Retrato del escultor Elie Indenbaum”, de Rivera – “El poeta”, de Picasso

«Ahí lo que nos interesaba era mostrar la diferencia de dónde se encontraba uno y otro dentro del cubismo. Si bien Picasso inventa el cubismo, en este caso el cuadro está trabajado solo con 4 o 5 colores, sobre todo tierras y verdes, en tonos muy apagados, porque a él lo que le está interesando es, precisamente, mostrar la estructura, lo que teorizó sobre el cubismo. El de Rivera, por el contrario, es un cuadro muy complejo. Primero, está metiéndose ya con el color, y no nada más es una visión cromática, sino que es toda una postulación política: ‘Voy a meter colores no occidentales dentro de una invención occidental’. Luego, en ese mismo cuadro se observan ya unos basamentos piramidales, metales, referencias a Las Meninas de Velázquez, y en la parte baja del retrato le pone una gola, que es algo extrañísimo, porque es un aditamento masculino de la vestimenta del 18. Entonces, cuando está haciendo la pirámide y el nopal está hablando de su parte mexicana; cuando está metiendo Las Meninas y la gola está hablando de su parte española. Está haciendo un secretismo de lo mestizo en un cuadro temprano del cubismo. En ese par de piezas lo que buscábamos era que se viera exactamente eso: el cubismo visto desde Occidente y el cubismo visto por alguien no occidental, que lo está practicando y además está aportando su visión.»

“Gran bañista”, de Picasso – “Retrato de Ruth Rivera”, de Rivera

«Entre estas dos piezas hay una obra en medio, un gran monolito que viene del museo Pedro Coronel de Zacatecas, una pieza fundamental por el tamaño y por el hecho de que esté aquí [figura femenina acéfala, griega, periodo helenístico tardío, siglo II a.C.]. El ‘Retrato de Ruth…’ es la única obra de Rivera que sale del periodo por muchos años. Una de las cosas que siempre tratamos fue que las piezas no tuvieran más de 6 o 7 años de distancia una de otra, y de preferencia, que fueran del mismo año. Pero, en este caso, se colocó el ‘Retrato de Ruth Rivera’ por una razón muy clara. Picasso efectivamente estaba viendo al arte clásico. El monolito es una diosa, y obviamente, el manto es un manto sagrado. Es un manto que empieza a tomarse como sagrado desde el Renacimiento; lo utilizan Miguel Ángel y Leonardo para las madonnas, y lo retoman ellos [Picasso y Rivera] dentro del modernismo como manto sagrado. En el cuadro de Picasso vemos a una mujer semidesnuda, saliendo del agua. Durante la investigación, notamos una cosa. Picasso cuenta con un archivo, un catálogo razonado que se llama Zervos, que revisamos para hacer la exposición y las posibilidades de los préstamos que podíamos tener, y me di cuenta de que Picasso jamás ve hacia América. No hay una sola referencia en Picasso hacia la cultura del Perú, hacia la cultura mexica, hacia la cultura indígena, hacia la cultura mestiza, hacia la Revolución… Pero en cambio, en toda la pintura mexicana siempre hay todo tipo de referencias. En el caso del ‘Retrato de Ruth Rivera’ volvemos al ejercicio que hace en el cubismo; nada más que aquí incorpora, además, a la negritud. Ruth está reflejándose en un espejo, y en el espejo está pintada como negra; luego, ella está pintada como indígena, pero, además, trae este manto clásico. Otra vez Rivera está volviendo a nuestras raíces. Los pintores occidentales no tienen ojos para nosotros, pero nosotros hemos tenido ojos para ellos, y eso nos ha hecho tener una versión totalmente distinta de las artes plásticas a la que siguen teniendo ellos. No es que sea mejor o peor, es otro punto de vista que siempre resulta enriquecedor.»