Cai Guo-Qiang en el MUAC

Con el paso del fuego

Raddblog

Los pasillos del museo emanaban enteros el aroma del licor, como si se tratase (analogía evidente) de alguna cantina citadina; sin embargo, el olfato también percibía cierta frescura, cierta pureza, lejana a aglomeraciones de borrachos inmundos y carcajadas alcoholizadas.

La sala exhibía pronto la razón de tan extraña relación sensorial: en medio de un piso acomodado todo con piedra volcánica, yace un gran lago del líquido oaxaqueño. Se antoja al paisaje inmediato después de una lucha contra extraterrestres, después del big bang, algo así muy de la ciencia. Se rescata el olor, persistente, del mezcal, ahora claramente acompañado por el de la pólvora.

Porque las paredes de la sala no son más que dibujos monumentales. Cai Guo-Qiang acuesta grandes telas en los pisos de su taller para estallar, pólvora en mano, stencils prefabricados que se dibujarán con el paso del fuego.

Son temáticos, responden a sus visitas. En esta ocasión vemos al sol, los volcanes mexicanos, un águila patria, algunos árboles. Un paisajista de la más sencilla y pura (dos menciones ya a la pureza) tradición oriental, reinventando su método. No se vislumbra ninguna acción violenta del fuego, de la explosión. Es un jardín. Es una extraña y artificial creación de la naturaleza: el dibujo, el estallido, el mezcal, la piedra.

La sala acompañante muestra los proyectos más sonados del artista chino. Dibujos efímeros trazados con cuetes en los cielos de España, Austria, China, algún país africano. Quizá invente algunas ciudades y lugares, pero las imágenes resuenan:  humo negro de figuras, ritmos de explosión, otras nuevas formas de hacer y apreciar la milenaria tradición del estallido.

Una muestra que, sin duda, devela la importancia de uno de los artistas contemporáneos más comentados de la actualidad. Un hombre que, a partir de la violencia, crea pequeños universos de sutilezas y de paz. Un nuevo sabio proveniente del oriente.

La muestra "Cai Guo-Qiang: Resplandor y soledad", se exhibe en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo, en la UNAM, hasta el 27 de marzo del próximo año.