¡A toda madre!
Mayo 2012
No. 102
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En 1997 un Ford Victoria de 1955 se instaló en la línea fronteriza de Tijuana, México y San Diego, Estados Unidos, en espera de un milagro que solucionara la problemática migratoria. Era el “Carro-Ayate” tenía en su interior 10 mil rosas secas. Emulaba el mito guadalupano en el que Juan Diego extiende su manto lleno de flores y la imagen de la virgen aparece como un prodigio. La presencia del Carro-Ayate, no logró milagro alguno, pero sirvió como el símbolo de la esperanza de una situación desoladora, la migración humana.
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