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Julio 2014
No. 128
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Fe, esperanza y caridad

Crítica Chilango


Museo Nacional de San Carlos

Puente de Alvarado 50

Entre M. Ramos Arizpe y José de Emparán

Col. Tabacalera

Tel. 5566-8085

Horario

mar-dom, 10 a 18 hrs.
Del 24 de octubre de 2012 al 3 de marzo de 2013

Usuarios:



Precios

  • General
  • $31
TC:
Boletos en taquilla

Especial
Género
Pintura

Crítica Chilango

Por Bartolomé Delmar

Parece tendencia en algunos recintos culturales de nuestra ciudad armarse de obra impactante, escandalosa y desprestigiada en los círculos académicos para lograr un efecto que, en definitiva, es efectivo para dicho tipo de trabajo: puede atraer multitudes, atraer a todos aquellos que no están del todo acostumbrado a pararse en recintos culturales, impactar a los incautos, escandalizar a los más sobrados de "inteligencia" y, en el camino, obtener algo de prestigio en los círculos académicos.

 
Cualquier crítico falto de miras podría decir que la obra de Gottfried Helnwein en el Museo de San Carlos (o al menos, su sola presencia) responde únicamente a la necesidad intempestiva de todo museo de atraer gente a granel, con señuelos evidentes: "Es que este tipo es el de las portadas de Rammstein / posters de películas de terror de los ochenta / Marylin Manson / uno que otro retrato de Andy Warhol o Michael Jackson". Pero dicho crítico, un cínico que no puede resolver ni sus propias mañanas, no entiende algunas cosas:
 
- Que el Museo de San Carlos ha concentrado mucho de sus esfuerzos, pasados y recientes, en la exploración de lo que el mundo del Barroco implica (y ha implicado) a la cultura del Virreinato y del México contemporáneo.
 
- Que los grandes museos del mundo han desempolvado los archivos de muchos creadores tangentes a las "artes" plásticas (como fenómenos institucionalizados) para mostrarlos en grandes muestras; basta con voltear al Museo de Arte Moderno de Nueva York, donde hoy por hoy se exhiben los no más menospreciables esfuerzos de los hermanos Quay.
 
- Que el trabajo de Helnwein, propio de una cultura ajena a la de la Cultura (así, con mayúscula) en realidad denota una proliferación de expresiones que muy pocos en el mundo osan tratar como la verdadera cultura.
 
Lo que es más, dichos cínicos ignoran algo certero: sobre todas las cosas, la obra que el Museo de San Carlos muestra del artista alemán, con la imagen pura de niñas ensangrentadas, de sombras enaltecidas por algún rostro macabro, de celebridades deformes y decompuestas, es increíblemente jocosa y disfrutable.
 
Y se alimenta más allá del morbo, con un ánimo de expandir las nociones tradicionales del gusto. Porque cualquier crítico falto de miras pudiera decir que la obra de Gottfried Helnwein en el Museo de San Carlos (o al menos, su sola presencia) responde únicamente a la necesidad intempestiva de todo museo de atraer gente a granel, con señuelos evidentes. Pero dicho crítico, un cínico que no puede resolver ni sus propias mañanas, no entiende algunas cosas...
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