

El suspiro de un adiós, del grupo Jaap, nos muestra una manera distinta de ver y apreciar el arte. La exposición es una especie de recorrido por los principales problemas y realidades que rodean al hombre de principios del siglo XXI, siendo el principal ingrediente de creación de los artistas la descomposición, la degradación de la vida humana y otros seres vivos, así como la muerte, tan presente en la cultura mexicana. Cada una de las 27 obras, realizadas en photomontage por Harriet Payer Anderss, busca despertar en el espectador una serie de sensaciones que lo lleven a explorar hacia el fondo de la imagen. A partir de fotografías y de composición en computadora, produce una especie de llaves que abren muchos caminos hacia la reflexión, creando así una simbiosis fantástica y original a su vez. Por su parte, Jorge Esquivelzeta ha compuesto piezas musicales para cada fotomontaje. A partir de distintas variantes electroacústicas como el house, lounge, funk, jazz y breakbeat genera un ambiente de introspección alrededor de cada cuadro. En El muro sangriento (Bleeding Wall) captan el horror palpitante de los mexicanos que buscan el suelo americano y son atrapados por la muerte. Al final, únicamente queda de ellos una simple botella que los clasifica como no identificados. Esta obra tiene una temática parecida al Guernica de Picasso, sólo que aquí no caen las bombas desde los aviones; la muerte proviene de ambos lados del muro. “Quisimos rendir un homenaje a todos aquellos que han muerto siguiendo la esperanza de una vida mejor del otro lado…”, reflexionan los artistas.
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