¡A toda madre!
Mayo 2012
No. 102
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Digamos: es tu cumpleaños. Ya invitaste a todos tus cuates de la uni, de la chamba, a las primas de tus amigas, a tus primos y sus cuates, a las tías, y, en general, la invitación a tu cumpleaños llevaba por post data la frase “caigan con quienes quieran”. ¿Menudo problemón? Pues no: para estos casos de gigantismo social, Papa Bill’s es ya la opción clásica dentro de la ciudad.
La cosa es calmada: tú llegas con una bandota, y en Papa Bill’s (previa reservación, claro está) ya te tienen armada una mesa enorme capaz de auspiciar hasta a los más incómodos colados.
El consumo responde a esta misma lógica. Por supuesto que puedes pedir una chela o cuba en solitario; pero lo verdaderamente clásico en Papa Bill’s son los paquetazos: por menos de 600 pesos puedes tener una botella de tu bebida predilecta, con acompañamientos (o puedes pedir una nada despreciable cubeta de 24 chelas), y, además, un kilo (que equivale como a 40 ó 50 tacos) de carnitas, barbacoa, arrachera, carne de pastor… en fin: una pequeña taquiza a la mesa.
Además, puedes rentar juegos de mesa, que siempre se agradecen: cubilete, dominó, jenga… Eso si lo necesitas, porque es muy común que después de cierta hora (y de cierta cantidad de tragos) la música deje de ser fresa-tranquilona para tornarse reggaetonera-bailable. Una vez terminadas las carnes y el chupe, siempre puedes brincar a otro lugar, claro; pero también te puedes quedar a pasarla de diez toda la noche.
Te recomendamos ampliamente hacer reservación, porque, sea el día que sea, se atasca de bandas de cuates, oficinistas con ganas de una chelita, y hasta de parejitas con ganas de ver reven.
Ojo: no recomendable si buscas un lugar con tragos muy sofisticados, un lugar tranquilo para el cotorreo o escuchar música alternativa. Acá la cosa es masiva, y con la música que encontrarías en cualquier estación de radio para adolescentes.