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La historia del Marrakech Salón

19 de febrero de 2013

Al “Marra” vas a dos cosas: a bailar y a ligar. Viernes y sábado está a reventar, así que la opción para un primer acercamiento es el “juebebes”. El ambiente incluyente se respira desde la entrada, todo se mezcla sin prejuicios: gays, hetero, bi, queer o lo que quieran ser en el transcurso de la noche. Queda claro que todos somos bienvenidos; las etiquetas y la orientación sexual no tienen la menor importancia.

La cantidad de personas que atasca el lugar es irreal. Después de cruzar el umbral verde chillante es difícil dar marcha atrás. La marquesina tipo burlesque ilumina nuestra humanidad, justo antes de convertirnos en parte de la masa que se mueve como hipnotizada, al vaivén de sonidos “retro freaks”. Las demostraciones de amor y manoseos “casuales” no se hacen esperar, así que debes ir con la mente muy abierta pues, de acuerdo con nuestro compañero de pista, la noche en el marra es para “jotear, ligar y fajar. Hay tanto amor aquí que sería un desperdicio derramarlo a solas”

El “Marra” tiene mucha personalidad. No es un cliché. Reta al visitante con una estética políticamente incorrecta. Dentro de este irreverente salón de baile se exhiben fotografías y guiños históricos de la cultura homosexual en México. En las paredes flotan proyecciones de películas serie B de los años 60 y 70, especialmente las del Santo: se presume en este mundillo que la lucha libre mexicana está cargada de un velado homo erotismo. El cine en los muros transforma la perspectiva del lugar, lo convierte en un espacio vivo hasta en sus rincones inanimados.

La fiesta se pone buenísima, así que es común toparse con desinhibidas “drag queens” que van partiendo plaza, gays entrados en años apoyados en la barra y abdómenes torneados con la ambigüedad suficiente como para bailar sin preguntar. También hay hipsters y darks en busca de darle una vuelta de tuerca a sus noches, o fresitas curiosos dispuestos a darse un “baño de pueblo” 

Pink Baby

No hay cadena ni código de vestimenta (hay una revisión del equipo de seguridad para evitar situaciones de riesgo). Las chelas están a buen precio, la coctelería es divertidísima y sabrosa, basta con pedir un Mayate (agua mineral con licor de menta) o un Chichifo para entrar en ambiente. Los jueves son de mojitos poderosos, bien servidos e ideales para evitar la deshidratación del taconeo hasta el amanecer. Es difícil llegar a la barra, te tomará un buen rato pedir el primer trago, pero valdrá la pena: la diversión comenzó en el trayecto.

Aunque originalmente solo lo frecuentaba la comunidad gay, hoy es un bar muy popular donde la fauna asistente es variadísima, pero no por eso ha perdido su encanto. La magia del “Marra” se hace aun más fuerte gracias a su aura kitschel show travesti y el famoso stripper de ocasión que se trepa a la barra para encuerarse sin complejos.

El Marrakech Salón fue fundado por un par de emprendedores que forman parte activa de la comunidad LGBTTTI: Juan Carlos Bautista y Víctor Jaramillo, quienes se definen como cantineros, artistas y empresarios. Su trabajo comenzó con las fondas El Generalito y ahora no sólo es el “Marra” sino también hace poco abrieron otra provocativa opción trasnochadora: La Purísima, ubicada en el número 21 de la gozosa calle de Cuba.

Aunque la comunidad LGBTTTI tiene dos importantes puntos de encuentro y vida nocturna, uno en la Zona Rosa y otro en el Centro Histórico, el corredor gay que actualmente se levanta en la calle de Cuba es prendido, con ondita y sobre todo alternativo.

Que no les digan, que no les cuenten… Denle una noche al Marrakech. Olviden tabúes, vistan ligero y no olviden dar gracias por su preferencia sexual, cualquiera que ésta sea.

El Marra

Cáele en: República de Cuba 18, Centro Histórico, Ciudad de México. Chequen su FB Marrakech-Salón y son muy activos en Twitter @marrakechsalon

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