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Para disfrutar el antruki y la fiestuki...

Tragos dignos de un mirrey

Para el mirrey de hoy Getty Images Para el mirrey de hoy
22 de noviembre de 2012

Los mirreyes son una “tribu urbana” de semblante fiestero, ropa de marca y lentes oscuros aún en días nublados. Sabemos de ellos por la forma en que se exhiben en redes sociales como mirreybook. No pueden vivir sin revens y lobukis (chicas que comparten y disfrutan de este particular estilo de vida), en la mayoría de los casos son de clase acomodada y con una fuerte inclinación a olvidar su español para sustituirlo por un spanglish fresón. Su mayor triunfo de la noche es mantener la copa llena, sin importar que el líquido elegido sea el más caro de lugar.

Y aunque parece que lo único que tienen en su cantina personal es una buena dotación de Möet, no los encasillemos en un solo estilo. Ellos también tienen su corazoncito, por dime eso qué te tomas y te diremos quién eres, querido mirrrey. 

Mirrey Jet Set

Va con guardaespaldas a todos lados, su frase favorita es: “Daddy paga”. Es tan especial que los tragos de los antros no tienen la variedad que necesita, así que lleva sus bebidas importadas y paga descorche. Trae sus licores importados, ediciones difíciles; además, su ropa es un catálogo de marcas “High End” y es adicto a los productos faciales y al gel. Pone duckface en todas su fotos y mantiene el bronceado aunque sea invierno. Bebe Champagne Cristal y Bacardí 151. Cuando anda corto de lana pasa la noche con un Torres en mano

Mirrey hipster

Es una paradoja social. Existe y resulta que, aunque no utilice el “papáwh”, no deja copa llena en lanzamientos de licores de moda, hace su aparición en los corredores culturales para ver y ser visto. Cómo quiere mantener el perfil cool, ecosustentable y pacifista se inclina por la moda mezcalera, también toma mezclas con los rones Kraken y Zacapa. Anda a la moda y sus lentes oscuros son los clásicos Ray Ban de Pasta.

Mirrey Godínez

Es aquél que no proviene de una familia acomodada y todo lo que se gasta es lo que gana con el sudor de su frente, o sea, es un mirrey fake. Desembolsa sin preocupaciones, pues presumir y aparentar derroche lo hace feliz. En su vestuario se limita a trajes de buena marca, porque en  muchos casos después de la comida debe regresar al trabajo. Su rumbo va desde antros de Santa Fé hasta aterrizar en un table dance, bajo la fachada de “Club de caballeros”. Es incondicional de las perlas negras y siempre se dedica a sí mismo una botella de shampoo.

Mirrey wannabe

Es originario de Coapa o Satelite, trae el coche “pimpeado”, gasta la quincena entera en cocteles con brillos y chispitas y es el que más se desgasta a la hora de apantallar a la lobuki wannabe. Utiliza marcas como Hollister, Aeropostale, Abercrombie and Fitch, aunque eso implique que no haya comido en tres días. Al hablar termina las palabras con “uqui” e “irri” y usa bufanda, aunque no haga frio. Trae un rosario colgando del cuello y lo encuentras entre el público del abierto de Polo, al que entró de pura chiripa. Adora a Luis Miguel y Palazuelos. Aunque ya no está de moda sigue tomando Terry y jugando con la ridícula red como si fuera una pulsera.

Mirrey de clóset

Finge demencia. Cree que aguanta los lugares rockeros o alternativos, pero la verdad es que se siente en su elemento cuando por un descuido acaba en un antro. Intenta ocultar que le importa su apariencia pero sale como figurín cuando es viernes. No se desabrocha los botones, pero la camisa es de tan buen corte que favorece el efecto visual de un abdomen tonificado. De repente se le sale frases como “O sea, omítete” u “O sea, qué oso”. Bebe cocteles preparados con Matusalem, aunque experimenta con otros como la bufanda negra preparada con Hpnotiq.

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