Revista Chilango

Las 100 canciones que marcaron nuestras vidas

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Noches de arrabal

Báilamela suavecita...

01 de noviembre de 2012
Por    Alejandra Leglisse

Quién no se ha prendido cuando oye: “la arena estaba de bote en bote, la gente loca de la emoción, en el ring luchaban los cuatro rudos, í-do-los de la afición, el Santo, el Cavernario, Bluedemon y el Bulldog”...? ¿A quién no se le ha hecho un nudo en el estómago con: “No hay nada más difícil que vivir sin ti...”? 

No se hagan, la realidad es que todos tenemos un gen ñero que nos provoca los placeres culposos que en público todos negamos, pero que el calor de unos drinks nos transforma a todos en rumberas o pachucos. Y para esas noches “sin censura”, el DF se pinta solo.

Se comienza con tragos de sobremesa en alguna cantina, los únicos establecimientos que al igual que los Oxxos, se pueden encontrar en cada esquina (a menos, claro, que se viva en Las Lomas, ¿veeees?).

«Adelante. Bienvenidos. Que se la pasen suave».

Después de haber invertido sabiamente poco más de 100 pesos en una rocola de a cinco la rola, llega el momento del inevitable “¿de aquí adónde?”, y cuando menos te das cuenta ya estás dentro de en un taxi rumbo a un tugurio en donde según “El Alex” (el taxista) «te vas a divertir». La adrenalina empieza a recorrer tu cuerpo conforme te alejas de los códigos postales conocidos y llegas a los arrabales de la ciudad: «¡Con cuidado, no tomen mucho!» grita El Alex por la ventanilla alejándose a toda velocidad del lugar. De inmediato, un tipo con la complexión de un bóiler de 80 litros y una voz grave y seca te pregunta: «¿Me permite una revisión?», y comienza una búsqueda frenética por algún tipo de arma o droga en tu bolsa y tu ropa hasta que finalmente te abre el paso y dice: «Adelante. Bienvenidos. Que se la pasen suave».

Ya adentro, ante la diversidad de los que serán tus compañeros de juerga, la pura barriada: el teporocho de la zona, algunos engendros de Resortes, los Godínez (que están en todas partes) y muchos otros como cualquiera. Dudas, pero justo en ese instante aflora tu gen ñero y en vez de pedir un taxi para irte, pides un trago para relajarte, dos, al tercero ya te animas a bailar. Después de todo ¿quién le puede decir que no a Margarita, la diosa de la cumbia? Y en pocas horas, o mejor dicho rolas, ya eres uno más de la barriada que canta y baila sin pudor: “báilamela suavecito, mírame, sígueme, acósame”...

Acá tenemos las recomendaciones:

Rodeo Santa Fe

Dos Naciones

La Maraka

La Purísima

La Nueva Excelencia

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