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Historias, desencantos y sobrevivientes de la noche

Fue en un cabareeet donde...

19 de octubre de 2012

Los cabarets parecen ser un sueño rescatado de películas de la época de oro del cine mexicano. Nostalgia por las rumberas, orquestas, baile y ficheras; un submundo de aquel México con tranvías. Escenarios que lanzaron a la fama a músicos, cantantes y bailarines.

La ciudad de México fue la capital de la vida nocturna liberal de mediados del siglo pasado, el concepto cabaretero llegó de Europa como una especie  de refugio social en épocas difíciles. Aunque, el paso del tiempo modificó la noción y el cabaret terminó asociado con strippers, cómicos de segunda, malos cantantes y músicos mediocres.

Los cabarets se hicieron populares poco después del inicio de los años 30 y alcanzaron su máximo esplendor hacia los 50, para aceptar su debacle hacia mediados de la década de los años 60. Políticos, artistas, e intelectuales compraban fichas y bebían sin prejuicio dentro de aquellos salones.

Una ficha era el pase directo al paraíso, baile y copas. Aunque "fichar" tenga un sórdido encanto, la compañía de una buena bailarina y oyente no era mal visto, era, digamos…, natural.

Aquí un recuento de algunos que han sobrevivido, tratando de mantener su esencia, y otros que sólo nos acompañan en la memoria.

Smyrna Dancing Club

Quién hubiera imaginado que primero fue convento, luego cabaret y ahora universidad. El Smyrna fue un lugar catalogado de “moral ligera”, su dueña era la polémica Antonieta Rivas Mercado, estaba ubicado en terrenos del Convento de San Jerónimo, donde doña Sor Juana Inés de la Cruz pasó la mayor parte de su vida en las letras. El Smyrna fue un lugar enigmático en el que distinguidas personalidades de la cultura se divertían sin distingo: lo mismo revolucionarios que conservadores, políticos y jornaleros. Ahí,  Salvador Novo y Xavier Villaurrutia se echaban tremendos bailongos. A finales de los 50 fue cerrado para dejar su lugar a un desabrido estacionamiento. Actualmente en este lugar está la Universidad del Claustro de Sor Juana.

Barba Azul

Hoy es considerado "kitch" por su decoración de paredes azules con llamas del inferno en relieve y cuerpos de mujeres voluptuosas. Su clientela hoy en día escasea, aunque hace tiempo la pista brillaba y era punto de reunión social. Son cubano, salsa y música para bailar en pareja es lo que mantiene vivo el lugar. El lugar continúa en la calle de Bolívar, pero los años si han pasado y se ha convertido en un lugar sombrío con espectáculos de "encueratrices". El Barba Azul se ha convertido en un lugar venido a menos, aunque con historia y con ese dejo provocador que lo vuelve una experiencia nocturna fuera de lo común. 

Barba Azul

Savoy

Contoneos, chaquiras y lentejuelas. Favorito de bohemios y artistas de la radio y del cine. Las “muchachas de ficha” eran guapetonas con entallados vestidos y mucha disposición. Este cabaret forma parte de la historia urbana, por ahí pasaron vedettes como Lin May. También era frecuentado por Toña la Negra y fungió como set donde se filmaron varias películas. El erotismo y la sensualidad son el soporte de una fantasía entre muebles imitación piel. A punto de cumplir 85 años de existencia, el Savoy es una leyenda: un paso obligado para tratar de exprimir un poco del brillo a aquellas noches de glamour y copas en la esquina de Bolívar e Izazaga, en el Centro Histórico.

La Perla

Es una mezcla de show, cómico, mágico y musical que abrió sus puertas en 1946 y aunque ha cerrado por algunos periodos se mantiene vigente en la escena cabaretera under y exótica. La Perla es sinónimo de plumas, brillos y tacones. Fue en cabaret clásico hasta principios de los noventa, por ahí pasaron grandes orquestas y músicos, hoy el DJ abre pista a las nuevas generaciones y a un espectáculo de variedad travesti bastante singular. Vive la experiencia cabaretera de barrio con un toque de glamour y actualidad; los musicales que siguen siendo muy aplaudidos son: “La Tesorito” y “Paquita”.

Lugares como La Perla son garantía de diversión.

Bombay

Abrió como un lugar dedicado a las artes embriagatorias y al buen bailar. Ubicado en la antigua calle del Niño Perdido (hoy Eje Central, exactamente esquina con Ecuador), muy cerca de Garibaldi, este cabaret vio pasar a Adolfo López Mateos, al pintor José Luis Cuevas y se rumora que Ernesto “Che Guevara” se daba su vueltas, no para fichar sino para repasar planes revolucionarios con Fidel Castro. Escritores como Jaime Sabines y Gabriel García Márquez se inspiraron –a media luz– con la música de orquesta. Cumplió 100 años y está luchando por recobrar su antiguo brillo y encanto. Su transformación renovó su espíritu de punto de reunión con alternativas culturales y hoy es el Centro de Desarrollo Social, Artístico y Cultural Rayarte, que organiza harta fiesta con arte y hip hop.

El Burro

Uno de los motivos por los que Dalí no quiso regresar a México fue el surrealismo que destilaba por su calles y su gente. “El burro” fue la muestra de esa delirante personalidad mexicana. Un mega asno era la fachada de aquel sitio. Entrabas al lugar pasando entre sus patas. Estuvo en la calle de Porfirio Parra número 35, cerca de José T. Cuellar, colonia Obrera. Las coristas y bailarinas salían al escenario por una especia de resbaladilla y ahí solía reunirse un grupo de escritores del grupo “La capilla”. Las lecturas en el Burro, pese a la ironia del asunto, eran frecuentes y animadas.

El Burro

Fuente: Armando Jimenez, "el gallito inglés".

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