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No creas todo lo que te dicen

10 Mitos y realidades del alcohol

31 de enero de 2012
Por  Denisse Espejel   

Todos crecimos con las mismas leyendas urbanas, que lo único que hacen es meternos paranoias innecesarias sin fundamento. Nos acostumbraron a mitos como "no hacer caras porque te va a dar un aire" y demás situaciones que, si lo piensas en tu vida adulta, tiene todo menos sentido. Lo mismo pasa con la fiesta: mientras más edad tienes, más percibes los distintos mitos que giran en torno a las bebidas alcohólicas y es importante tener las respuestas correctas para no seguir creyendo patrañas… ¡No dejes que te engañen!

Mito 1: Hay bebidas con las que me pongo menos borracho

Realidad: ¡FALSO!

Aunque sí hay bebidas con menor graduación alcohólica que otras, al final del día no dejan de ser alcohol y terminan intoxicándote y posiblemente se convertirán en un riesgo si se toman en exceso. Una copita puede que no te ponga tan borracho pero muchas sí. Recuerda que no existen bebidas que no te hagan embriagarte, sino bebedores moderados.

Mito 2: El whisky baja la presión, se te sube con el coñac

Realidad: ¡FALSO!

Absolutamente todas las bebidas alcohólicas deprimen el sistema nervioso central, o sea: el alcohol siempre te va a disminuir el ritmo cardiaco y tu eficacia sistemática en general. Ojo: cuando consumes bebidas de manera moderada te baja la presión arterial pero aumentar su consumo te eleva la presión, así que ten en mente que esto depende más bien de la cantidad de tragos que te tomes.

Mito 3: Un tarro de cerveza equivale a un caballito tequilero

Realidad: ¡CIERTO!

Un ‘trago estándar’ es cualquier trago que contiene alrededor de 12 grados de etanol (alcohol) puro. No importa el vasito en el que te lo sirvan, una chela gigante y un mini tequila terminan pegándote igual.

Mito 4: Puedo controlar mi borrachera

Realidad: ¡FALSO!

A todos nos ha tocado escuchar a un "papaloy" que se la vive presumiendo las 30 botellas de ron que se tomó la última vez que pisó el antro. No le creas. Absolutamente todo mundo es vulnerable al abuso del alcohol y nadie puede controlar sus efectos. Cuando éste entra en tu metabolismo es poco probable –por no decir imposible– que el cerebro le diga a tu cuerpo cómo comportarse…

Mito 5: Las mujeres aguantan menos

Realidad: ¡CIERTO!

A menos de que se trate de la amazona gigante de tu primaria que te perseguía en el patio, el cuerpo de una mujer –por lo regular– aunque tiene más tejido graso, tiene menos agua y sangre, situación que hace que nos intoxiquemos más rápido. Independientemente del tamaño, el hígado femenino tiene una cantidad menor de enzimas (que son las que se encargan de metabolizar el alcohol).

Mito 6: Tómatelo con popote para que se te suba más rápido

Realidad: ¡FALSO!

El popote no tiene nada que ver, el chiste es que te estás tomando algo muy rápido y, mientras más rápido, más temprano te llegará la borrachera. Tus turbo chelas y demás bebidas te terminan poniendo así por la rapidez con la que las ingieres, y no por los accesorios con los que te las tomes.

Mito 7: Si es bebida dulce me pega más

Realidad: ¡FALSO!

El azúcar tampoco tiene nada que ver, lo único que hace es esconder el sabor del alcohol, por eso puedes terminar tomando más; a diferencia de las bebidas solas, que siempre te sabrán más amargas.

Mito 8: Si mezclo, pierdo

Realidad: ¡FALSO!

Una vez más, el sabor no importa, lo que te hace perder es la acumulación de alcohol en la sangre y la única manera en la que esto ocurrirá es dependiendo de cuánto y qué tan rápido tomes, ojo.

Mito 9: Si me tomo un café se me baja

Realidad: ¡FALSO!

Lo único que te puede bajar la fiesta es el tiempo. No existen remedios milagrosos que te quiten los síntomas, a menos que encuentres algo que acelere el trabajo de tu hígado, si no, todos estamos en las mismas: le toma a tu cuerpo alrededor de una hora metabolizar cada copa que tomas.

Mito 10: Me dio el aire, por eso perdí

Realidad: ¡FALSO!

El aire lo único que hace es que notes el frío y el alcohol que está en tu sangre -y que todavía no se ha metabolizado- provoca que la circulación suba a tu cerebro. Obviamente, esto no tiene nada que ver con dónde estés tomando, sino cuánto estés tomando.

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Recuerda que no tiene nada de malo tomarte unos tragos. No dejes que nadie te meta ideas en la cabeza, ni dejes que satanicen la fiesta. Sólo consume de manera responsable, te la pasarás mejor.

Si te quedaste con alguna duda, visita la página web de Alcohol Infórmate o agrégalos a tu Twitter: @Mitosalcohol

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